4 sugerencias del Papa León para cultivar vínculos saludables

Karen Bueno

En el mes de mayo, el Movimiento Apostólico de Schoenstatt recuerda una fecha especial, que está en el centro de su misión para la Iglesia y el mundo: el 31 de mayo. Nuestro III Hito Histórico (1949) nos habla sobre el cultivo de vínculos sanos —vínculos con Dios, con uno mismo y con los demás.

En una sociedad marcada por conexiones frágiles y «líquidas», surge una pregunta inevitable: ¿cómo cultivar lazos profundos y duraderos? Y, más aún: ¿con quién vale la pena construir esos vínculos?

Esas fueron precisamente las inquietudes que un joven italiano presentó recientemente al Papa León XIV.

En la última edición de la revista Piazza San Pietro (n.º 5, mayo de 2026), se publicó la respuesta del Santo Padre, quien ofrece cuatro consejos prácticos para fortalecer los vínculos auténticos:

la oración diaria;
la escucha de la Palabra de Dios;
la celebración de los sacramentos;
el diálogo con personas sabias.

A continuación, se presentan los mensajes intercambiados entre el Papa León XIV y el joven Pietro, difundidos por la revista:


«Querido Papa, temo no poder entender cuáles son los vínculos auténticos que vale la pena conservar»

Queridísimo Santo Padre,

Soy Pietro, un estudiante de 18 años. Vivo en Reggio Calabria (Italia) y estoy cursando el último año de la secundaria. En este momento de conclusión de una trayectoria importante, que son los cinco años de la secundaria, siento dentro de mí mucha inquietud y mucha confusión, que se refieren principalmente a las relaciones y los vínculos que he construido durante este tiempo. Siento miedo de perder todas las amistades ganadas en este capítulo de mi vida, no solo en la escuela, sino también en la parroquia y en mi vida cotidiana. Se abre ante mí una etapa de profundos cambios, comenzando por la elección de la universidad, que marca, en cierto modo, el paso a una nueva etapa de la vida; en mi relación con el Señor, siento Su presencia constante, que, sin embargo, me hace ansiar nuevas respuestas sobre cuál será mi camino.

Santidad, sueño con construir y hacer realidad el proyecto de una familia unida en el amor de Cristo para caminar junto a alguien por el camino de Su amor, pero, como dije, mis certezas en las relaciones vacilan; temo ni siquiera poder entender cuáles son los vínculos auténticos que vale la pena conservar y alimentar y cuáles son los menos sinceros, de los cuales puedo prescindir.

Santo Padre, por todo esto y por mi futuro cercano, le pido que rece por mí, para que pueda comprender cómo convivir con este sentimiento de inquietud y nostalgia que me acompaña y logre recorrer serenamente mi camino, haciendo siempre la voluntad de Dios.

Pietro, de Reggio Calabria


Te confío a María, quien, cuando era joven, guardaba en su corazón preguntas más grandes que ella misma

Queridísimo Pietro,

Leí con emoción tu carta. En ella reconozco el corazón de un joven que no se conforma y que se toma en serio su propia vida. Me gustaría decirte, antes que nada, una palabra que viene antes que todas las demás: eres amado por Jesús. No de manera abstracta, sino personalmente, tal como eres hoy, con tus preguntas y tus sueños, tus miedos y tus deseos. Ese amor te precede y siempre te acompañará, no depende de las elecciones que hagas ni de los caminos que recorras.

Jesús conoce bien la experiencia de la amistad. Llamó amigos a sus discípulos, con ellos compartió el pan y el camino, era amigo de Lázaro, de Marta y de María. Vivió vínculos verdaderos y auténticos hasta el punto de experimentar el dolor del alejamiento y de la traición. Por eso, Jesús sería el primero en comprender tu miedo a perder las amistades que marcaron estos años. Para ti, no todo seguirá igual, pero lo que fue auténtico no se pierde; al contrario, el amor verdadero no se desvanece y permanece para siempre, madura incluso cuando cambia de forma.

La inquietud de la que me hablas no es una señal negativa. Muchas veces es el lugar donde Dios obra en profundidad. Es como la tierra que el labrador ha arado y está lista para recibir una nueva semilla. Te invito a escuchar con sinceridad los deseos de tu corazón, no aquellos pasajeros que se derriten como la nieve al sol, sino aquellos que resisten al tiempo, que te hacen sentir una paz profunda y te orientan hacia las elecciones del bien, hacia la entrega de ti mismo y hacia una vida compartida. De ahí nace el discernimiento.

No te apresures a comprenderlo todo de inmediato. El tiempo es un maestro paciente y cura las heridas. La oración diaria, aunque sea sencilla y pobre en palabras, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el diálogo con personas sabias te ayudarán a reconocer qué vínculos debes conservar y alimentar y cuáles, sin juzgar, debes podar. No todo lo que termina es una derrota: a veces es solo una etapa necesaria para crecer.

Tu sueño de una familia fundada en el amor de Cristo es un don precioso también para la Iglesia; guárdalo con confianza. El Señor no defrauda los deseos que Él mismo ha encendido en el corazón.

Te aseguro mi oración. Pido para ti la gracia de la paz interior, de la confianza y de una mirada lúcida sobre tu vida. Te encomiendo a María, quien, siendo aún joven, aprendió a confiar, a pesar de guardar en su corazón preguntas más grandes que ella.

Papa León XIV

Con información de piazzasanpietromagazine.org
Edición n.º 5, mayo de 2026

Traducción: Vanessa Franke

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