Hoy, 8 de mayo, se cumple un año desde que el mundo se detuvo y las pantallas de televisión de cientos de países enfocaron una única ventana en Roma. La expectación era enorme por descubrir al hombre que sustituiría nada menos que al papa Francisco. La sorpresa, la emoción y la curiosidad se apoderaron de todos aquellos que vieron aparecer a Robert Francis Prevost, el papa León XIV, en un balcón rodeado de personas de todos los continentes.
Un año después, ya es posible esbozar los caminos que el Espíritu Santo nos indica a través de su pontificado. La palabra «paz» cobra mes a mes mayor relevancia.
Para reflexionar sobre este primer año de pontificado, hablamos con algunos schoenstattianos que viven en lugares significativos de la vida del papa. Nos cuentan sus impresiones y lo que han descubierto a lo largo de este primer año de desafíos y bendiciones.
Un hombre de Francisco
El director del Movimiento de Schoenstatt en Italia, el P. Pablo Pérez, ya se ha reunido personalmente con el Papa y nos cuenta sus impresiones sobre este primer año:

Dios conduce la historia: la de cada uno y la de toda la humanidad. Él es el Señor de la historia. Con la encarnación entró en ella y a través de su espíritu permanece con nosotros, guiando y conduciéndonos desde dentro.
Cada época tiene el Papa que necesita. Dios es fiel y no se equivoca. Además, me arriesgo a decir que estos últimos decenios Dios ha hablado muy elocuentemente a través de nuestros pastores universales.
Se cumple un año de aquella tarde en la que apareció León XIV y nos dijo “La pace sia con voi”. Palabras cada vez más proféticas y actuales. Seguimos necesitando esa paz como don de Dios.
Se cumple un año y lentamente León nos va mostrando quien es y por donde quiere el Espíritu conducir a la iglesia de Jesucristo. Es claramente un hombre de Francisco. Francisco lo hizo obispo primero y lo llevó luego como prefecto al Dicasterio de los Obispos. Y, sin embargo, antes que un hombre de Francisco, Robert Francis Prevost, es un hombre de Dios. Valora y estima el legado de Francisco y sin embargo también se ha animado a tomar otras decisiones. Lo que nos habla de su autenticidad y libertad de espíritu.
Humanamente, cuenta con una ventaja: cuando fue elegido, ya vivía en Roma desde hacía algunos años. Esto probablemente le ha dado una mayor comprensión del contexto eclesial en el que ahora ejerce su ministerio.
Es un hombre que no solo pide la paz, sino que la transmite. Comparte la dirección y el horizonte de la iglesia de Francisco. Se deja llevar por esta inercia. Sin embargo, sus modos no son los mismos. Está bien que así sea. Parece que necesitamos un tiempo de madurar y consolidar sinodalmente, en esta iglesia en salida y dialogante con el mundo, algunos temas disparados proféticamente por Francisco pero que otra sensibilidad, complemente el legado, para que en comunión sigamos creciendo como iglesia al servicio de los hombres.
El Papa «peruano»
La Sra. Carmita Cely, misionera de la Campaña de la Virgen Peregrina y miembro de la Rama de Madres de Schoenstatt en Chiclayo, Perú, conoció al papa León XIV en su diócesis. Un año después de la elección del pontífice, comenta:
Perú es un país bendecido por tener como máximo representante de la Iglesia Católica a un gran pastor, modelo de humildad, amor y profunda fe.
Su Santidad el Papa León XIV, el peruano, nos llena de orgullo y fortalece nuestro compromiso con la Iglesia. Siempre identificado con Perú y Chiclayo, estamos felices y elevamos nuestras oraciones por su misión pastoral.
Que el Señor lo ilumine, guíe y conduzca en su camino, que la Virgen María lo cubra con su manto y lo acoja en su corazón.
*En la foto, Carmita aparece a la derecha del Papa, en Chiclayo

En Chicago oímos los testimonios de sus amigos íntimos
Guadalupe Castillo vive con su familia en Chicago, la ciudad natal del Papa León. Ella, que forma parte de la Liga de Familias de Schoenstatt, nos cuenta sus impresiones y lo que ha descubierto en este primer año:

«Habemus Papam», qué frase tan emocionante. Qué lindo poder experimentar ese momento, tener en la memoria intacto el lugar, la postura, las personas que estaban junto a nosotros, en el momento tan lleno de alegría en que nuestra Madre Iglesia nos da un Padre.
Para nosotros schoenstattianos la palabra “Padre” tiene un significado hondo, y es que así lo sentimos: somos dichosos porque hemos aprendido a ver transparentes de Dios Padre a los cuales entregarnos filialmente.
El 8 de mayo, día de la elección del Papa, me encontré en Argentina, en casa de mis padres. Segundos antes de que el Papa León se asomara por el balcón, alcé en brazos a mi hija de 3 meses, la miré y sonriendo le dije «Belén, vamos a conocer a TU Papa». Qué sorpresa cuando anunciaron que nuestro Papa es Robert Prevost, de Chicago. Nuestro hogar hace dos años y el lugar de nacimiento de Belén.
Deseosos de conocerlo más y siendo ciudadanos de Chicago nos alegramos al ver dos documentales sobre su vida que publicó Vatican Media: «León de Perú» (Junio 2025), y «Leo from Chicago» (Nov 2025). Así aprendimos a conocer a nuestro padre el Papa León. Lo vimos con botas de lluvia en medio del barro, caminando como uno más, en su comunidad de Chiclayo, atento a las necesidades materiales y espirituales de cada familia. Y también oímos los testimonios de sus amigos íntimos de su ciudad natal. Poco a poco vamos conociendo a un Papa, que también sentimos que nos conoce, que caminó nuestros caminos y que sabe escuchar con el corazón.
Y si bien, también tuvimos la dicha de pasar por Roma y presenciar una audiencia del Papa León, el día en que más cerca lo sentimos fue el pasado domingo en el Santuario Nacional de Madre Cabrini (santa patrona de los inmigrantes), que queda aquí en Chicago. Allí pudimos conversar de forma espontánea con el obispo Daniel Turley, O.S.A., rector del Santuario, quien nos compartió con alegría imágenes de su reciente encuentro con el Papa León y nos contó algunas de sus vivencias juntos.
El obispo Turley tiene una mirada transparente y radiante, sus manos regalan amor, su presencia te hace sentir en paz y lleno de alegría. Él vivió en Perú y fue superior del Padre Prevost. Su humildad no le permite usar estas palabras, pero pudimos vislumbrar que él ha sido un Padre espiritual para nuestro Papa. Y al conocer al obispo Turley pudimos experimentar ese amor, cercanía y calidez que el documental sobre el Papa logra transmitir.
Entonces, meditando en este encuentro, regalo de la Providencia, vuelvo a pasar por el corazón, a recordar, las palabras del Cardenal Prevost cuando se presentó al mundo como el Papa León: «Soy hijo de Agustin, agustino.».
A un año de su pontificado me alegra poder afirmar que tenemos un padre, que ha sido hijo, y que se sabe hijo amado de Dios.