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Schoenstatt
Movimiento Apostólico

San José, esposo de la Santísima Virgen María.

By: Ernesto Camarena

¿Cómo presentar a una persona de la cual se han escrito páginas y páginas, pero de la que se tienen pocos datos? ¿Cómo hablar de la figura de alguien que estuvo muy cerca de Jesús en su infancia y adolescencia, pero que, en cierto punto, no se habla de él?

San José es, sin lugar a dudas, un personaje importante en la vida de Jesús y de la Virgen María. Su papel, aunque discreto y silencioso es crucial en la Historia de la Salvación. Es el gran patriarca del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Cada 19 de marzo, la Iglesia celebra la solemnidad de San José.

Es interesante el título con el cual la liturgia lo recuerda: Esposo de la Santísima Virgen María, mostrando su papel decisivo, ya que por el hecho de ser esposo de la Dulce Madre, tuvo el privilegio de ser el padre adoptivo de Jesús.

Recordemos que el padre hebreo tenía la obligación de enseñar la ley y el estilo de vida propio del pueblo de Israel; entonces, es José quien ofrece a Jesús la formación como israelita, enseñándole a observar los mandamientos, le da a conocer la Ley y las tradiciones del pueblo. ¡José, por disposición divina, fue maestro de Jesús! José enseñó a Jesús a orar, a amar a Dios Padre, a adorarlo con todo el corazón.

Jesús, Rey de todo el universo, quiso enseñarnos la humildad y la obediencia, pues siendo el Soberano de todo, se hizo niño, dejándose ayudar y custodiar por María Santísima y José. Jesús era Dios, Sabiduría encarnada, pero escondió su divinidad y vivió sujeto a sus padres (“Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos” dice Lucas 2, 41-52) sólo por amor a nosotros, para darnos ejemplo de hijos.

Además, ¡Qué gran padre fue! Jesús llama a Dios Abba (Padre), como llamaban los niños pequeños a su progenitor. Si Jesús llama y nos muestra a Dios de esta manera, es, sin duda, porque José habrá sido un gran padre, reflejo de Aquel. Es José de Nazaret, quien ofrece al creyente de hoy la belleza de la paternidad, presentándola como una oportunidad de colaborar en el plan salvífico de Dios.

Otro detalle que quiero mencionar sobre San José, es el adjetivo con el que San Mateo lo cualifica: justo. Esta palabra en la mentalidad bíblica es sinónimo de santo. Es decir, que el evangelista Mateo nos habla de la fama de santidad de la que gozaba José en su natal Nazaret.  Por otro lado, el mismo evangelista, al presentar la genealogía de Jesús, sigue una estructura muy particular: ‘X’ fue padre de ‘Y’. Por ejemplo: “Abraham fue padre de Isaac; Isaac padre de Jacob” (Mt 1,2) y así sucesivamente, hasta que llega al momento de presentar a José que no dice: “José fue padre de Jesús” siguiendo la lógica con la que había presentado a los demás personajes, sino que dice “Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1,16).

Es José el patriarca justo y obediente, que busca cumplir en todo momento la voluntad de Dios; aun a costa de romper con sus planes y proyectos. Es el hombre que se deja guiar por el Señor, aun cuando las cosas no estuviesen del todo claras. Él se abre a la voluntad de Dios, y colabora con su plan de salvación de forma activa. La figura de San José, en el evangelio, es presentada como la de un hombre silencioso (no se reporta ninguna frase dicha por él), que se deja guiar por aquello que el Dios de Israel, el Dios de sus padres, le revela en sueños.

San José nos enseña también la belleza de la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios delante de toda adversidad.

No fue todo color de rosa en su vida; afrontó momentos difíciles, por ejemplo al no encontrar un lugar para ellos en Belén, al tener que huir hacia Egipto, al buscar lleno de angustia a Jesús en el templo. Sin embargo, se dejó siempre guiar por Dios.
San José es el patrono de la Iglesia, y se nos presenta como modelo y protector. Modelo para imitar en su obediencia a la voluntad de Dios, en su amor por Jesús y por María, como en su humildad y entrega; en su dedicación y compromiso.

Pidamos a San José, esposo y padre elegido por Dios para conducir la Sagrada Familia de Nazaret, que proteja nuestras familias.

Fuente: https://www.tolkian.com/

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