También en las redes hay tierra sagrada

Juan Francisco Miguel

A veces creemos que las redes están hechas de algoritmos, tendencias y pantallas. Pero basta detenerse un poco para descubrir que están hechas, sobre todo, de personas. De historias que buscan ser contadas. De preguntas que esperan una respuesta. De soledades que anhelan compañía.

Con esa certeza como punto de partida, se desarrolló en Florencio Varela (Buenos Aires, Argentina) el Encuentro Internacional de Misioneros Digitales y Comunicadores. Un espacio que fue mucho más que un programa de actividades. Fue una invitación a mirar el mundo digital no como un territorio ajeno a la fe, sino como uno de los lugares donde hoy se juega, en buena medida, la misión de la Iglesia.

El mundo digital como un territorio de misión

Vivimos en una época curiosa. Nunca fue tan fácil comunicarnos y, sin embargo, nunca pareció tan difícil encontrarnos de verdad. Tenemos miles de contactos y a veces muy pocas conversaciones. Compartimos publicaciones a una velocidad asombrosa, pero seguimos teniendo hambre de palabras que nos toquen el alma.

Así fue como este encuentro tuvo algo de profecía.

Durante tres días, comunicadores, evangelizadores y misioneros digitales de distintos países de las Américas se reunieron para hacerse preguntas que van mucho más allá de la tecnología. ¿Cómo anunciar el Evangelio en una cultura atravesada por algoritmos? ¿Cómo construir puentes en medio de tanta polarización? ¿Cómo comunicar esperanza en un mundo saturado de información, opiniones y ruido?

Las respuestas no llegaron como recetas. Llegaron como intuiciones.

Mons. Lucio Ruiz

Mons. Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede invitó a mirar el mundo digital no como una herramienta más, sino como un verdadero territorio de misión. Una afirmación sencilla, pero capaz de cambiar la perspectiva. Porque si las redes son territorio de misión, entonces dejan de ser únicamente espacios para difundir mensajes y se convierten en lugares donde Dios ya está actuando, esperando que alguien lo descubra.

En distintas conferencias y espacios de reflexión apareció una misma certeza: la Iglesia no está llamada a conquistar las redes, sino a habitarlas. No a imponer una voz más entre tantas otras, sino a ofrecer presencia, escucha y humanidad.

Esa fue una de las palabras que más se respiró durante todo el encuentro: presencia. Presencia para escuchar antes de responder. Presencia para acompañar antes que juzgar. Presencia para recordar que detrás de cada comentario, cada mensaje privado y cada publicación hay una persona concreta, con heridas, búsquedas, preguntas y esperanzas.

“Samaritanear” en las redes

El Padre Santiago Ferrero, director nacional del Movimiento de Schoenstatt en Argentina, utilizó una imagen que quedó dando vueltas en muchos corazones: “samaritanear las redes”. Una expresión sencilla y profundamente evangélica. Porque el Buen Samaritano no preguntó quién tenía razón ni revisó antecedentes antes de detenerse. Simplemente vio a alguien herido al borde del camino y se acercó.

Tal vez esa sea también la misión digital de nuestro tiempo. Acercarse. En una cultura que suele medir el valor de las personas por métricas, números o “Followers” (seguidores), acercarse. En una sociedad donde abundan las opiniones, pero escasea la escucha, acercarse.

En este espíritu de unidad, también estuvieron presentes representantes de la comunicación institucional del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM). Óscar Elizalde Prada, director de comunicación del CELAM y asesor de comunicación de la Santa Sede, presentó ejemplos inspiradores de comunicación propios del contexto latinoamericano, destacando características y aprendizajes que pueden orientar la misión comunicativa de la Iglesia. En su intervención, animó al Movimiento de Schoenstatt a ampliar su presencia en los medios de comunicación, contribuyendo con el envío de noticias y contenidos que expresen la vida y la misión del movimiento.

Formamos parte de una misma misión

Entre charla y charla, entre mates compartidos y conversaciones espontáneas, fue naciendo la sensación de que la verdadera riqueza del encuentro no estaba solamente en los contenidos recibidos. Estaba en la experiencia de reconocerse parte de una misma misión. Porque nadie evangeliza solo.

En la práctica, esto significa también contar con comunicadores bien formados. Soledad Oliva Carreras, especialista en comunicación digital y excoordinadora del Departamento de Comunicación de Schoenstatt Argentina, señaló que muchos llevan a cabo su apostolado con gran dedicación, pero sin una formación específica. Por eso, considera que «la capacitación y el encuentro son quizás las dos grandes necesidades de quienes trabajan en la comunicación». Según ella, momentos como este permiten volver a la misión «con nuevas ideas, entusiasmo renovado y más recursos para comunicar mejor».

Enviados desde el centro

La celebración de Corpus Christi puso el punto final y, al mismo tiempo, el punto de partida. Frente a Jesús Eucaristía aparecía con claridad una verdad sencilla: antes de comunicar a Cristo estamos llamados a encontrarnos con Él. Todo lo demás viene después.

Las estrategias cambian. Las plataformas nacen y desaparecen. Los algoritmos se modifican. Los lenguajes evolucionan. Pero el corazón de la misión permanece intacto.

Debemos seguir llevando una palabra de esperanza allí donde haya alguien dispuesto a escucharla. También detrás de una pantalla.

También en ese continente digital que a veces parece tan distante y que, sin embargo, está habitado por millones de personas que siguen buscando lo mismo que buscó siempre el corazón humano: sentido, verdad, amor y encuentro.

Sí, también en las redes, encontramos tierra sagrada.

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