“Siéntanse amados y perdonados”, con esas conmovedoras palabras, el obispo de Querétaro, Monseñor Fidencio López Plaza, saludó a la familia de Schoenstatt que se encontraba reunida la mañana del sábado 30 de mayo, para asistir a la bendición del santuario “María refugio de paz”.
Ese día, desde temprano, jóvenes, familias, señoras… hacían fila para poder ingresar y estar ahí desde antes que iniciara todo. No querían perderse ni un instante de esta celebración que anhelaban desde hacía mucho tiempo.

Un lugar conquistado con el corazón
Enclavado en una pequeña colina en una zona residencial en la ciudad de Querétaro, en México, este nuevo Santuario fue durante siete años una ermita a través de la cual se forjó una familia, una comunidad fecunda y viva que creció no sólo en número sino en espiritualidad.
La historia de este lugar inicia alrededor de diez años atrás. El padre Darío Balbontín, entonces asesor de la Juventud Masculina (en México llamada “Juma”), comienza con los chicos y la familia de entonces, la conquista del terreno que, en un futuro, anhelaban, se convirtiera en la casa de la Juma. El padre Darío se va y entrega la estafeta a Horacio López y este a su vez a José Tomás Pérez. El padre Pedro Pablo Celis, llega a Querétaro como asesor de la Juventud Masculina y asume la tarea de continuar con la misión. Así, finalmente, el 14 de diciembre del 2019 bendice la Ermita de Schoenstatt, acompañado de la Juma y la familia de Schoenstatt que con el corazón había conquistado el lugar.

La semilla se hace fecunda y el anhelo se fortalece
A partir de ahí el crecimiento fue notable. Desde ya, la Mater atraía corazones y aún en tiempos de pandemia, la familia creció, no sólo en número sino en espiritualidad. La conquista no cesaba porque el anhelo de crecer seguía ahí. Así el 21 de abril del 2023 se bendijeron la casa de los padres, instalaciones nuevas y finalmente la casa de la Juventud Masculina.
La familia que ahí fue floreciendo y que cada vez era más grande, se unió al anhelo de los Padres de Schoenstatt, en la conquista de un Santuario y fue preparando desde el corazón, el lugar para la reina. Esta familia esperaba con particular emoción este momento y por eso, ese sábado, desde muy temprano, se volcó con alegría para ser testigo de este hito en la historia de Schoenstatt en México: la bendición del Santuario “María Refugio de paz”. El séptimo Santuario de Schoenstatt en tierra mexicana.

Un anhelo cumplido
Con la presencia de alrededor de 1,500 personas, a las 9 de la mañana inició el evento. Diversos monitores fueron llevando a todos en un “salto en el tiempo” para recordar el camino andado. Se hizo oración y los coros fueron acompañando con su melodía este momento. A las diez de la mañana Monseñor Fidencio López, Obispo de la Diócesis de Querétaro, fue recibido entre aplausos y gritos de júbilo. Cantando con alegría, empezó la ceremonia. Las banderas de las distintas ramas y apostolados de la obra de familias desfilaron hasta el altar y ante la presencia de más de 15 sacerdotes, entre schoenstattianos y diocesanos, el padre Diogo Barata, superior provincial de los Padres de Schoenstatt leyó el evangelio, al término del cual Monseñor Fidencio López dirigió unas emotivas palabras a la familia ahí reunida.
“En la víspera de la fiesta de la visitación contemplamos a Jesús que nos dice ahí tienes a tu madre…aquí redescubriremos en cada misa que tenemos que entregarnos y sacrificarnos por los demás a la manera de Jesús”. A lo largo de su emotiva homilía, Monseñor invitó la familia a continuar en el servicio a los demás, a hacer conciencia de que la creación entera es nuestra “casita sagrada” y que María, esa madre compasiva y misericordiosa camina con nosotros. Al explicar los signos de la bendición del altar, Monseñor llevó a los asistentes a reflexionar en que como cristianos estamos llamados a estar con Jesús y salir a evangelizar.
“Todos somos ungidos, nos hemos revestido de Cristo, hemos recibido la luz de la fe y todos estamos llamados a ser corderos y pastores a la manera de Jesucristo nuestro señor. Dedicar un templo y consagrar un altar significa también dedicar y consagrar el cuerpo místico de Cristo que es la iglesia”
Al final de su homilía el señor Obispo bendijo cariñosamente a la asamblea: “Que Dios los bendiga, que Dios los proteja y que Dios les dé la paz”.

“Mi espíritu se estremece de gozo”
Con la participación de diferentes matrimonios y miembros de la Familia de Schoenstatt, el Obispo procedió a hacer la unción de las paredes del Santuario y del altar. Uno de los momentos más emotivos fue cuando la imagen de la Mater entró en andas cargada por jóvenes que representaban a la juventud masculina. Entre vítores, aplausos, llantos de emoción y agitando banderines blancos, llegó hasta el altar y ahí Daniel Valdéz e Isabel Gonzáles, jefes de la juventud masculina y femenina, la presentaron a monseñor para que la bendijera. Acto seguido el matrimonio de Armando Espinoza y Georgina Plaza, coordinadores del equipo pastoral, acompañados del padre Pedro Pablo Celis, Rector de la Ermita, la colocaron en el retablo.
La alegría inundó todo el lugar. Al término de la ceremonia el matrimonio coordinador de la pastoral leyó un emotivo mensaje de agradecimiento y al padre Pedro Pablo agradeció a Monseñor por su presencia y su cariño para la familia, así como a todos los presentes. De manera especial agradeció a la comunidad de los Padres de Schoenstatt a quien cariñosamente llamó “su familia”. Al finalizar la ceremonia los asistentes acompañaron al coro cantando con júbilo “Mi alma canta, canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi salvador…” Y es que la alegría era grande y la emoción desbordaba, pero, sobre todo, el agradecimiento infinito al buen padre Dios por este gran regalo y a nuestra amada Mater, por aceptar la invitación de venir a este santuario y quedarse con nosotros.
“María refugio de paz”, el nombre que la familia descubrió, habla por sí solo de lo que para tantos ha significado este lugar desde que era una ermita y desde el cual la Mater seguirá derramando gracias para todo aquel que entre en la pequeña casa de la reina.



