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Schoenstatt
Movimiento Apostólico

Misa andina de Nochebuena en la mitad del mundo

By: Schoenstatt Quito

En el Santuario de Schoenstatt, en Alangasí, Quito, tuvimos una Misa muy especial, en nuestra sierra interandina en medio de las distintas culturas indígenas. El ideal del Santuario es “Familia consagrada, fuego desde la mitad del mundo”.

La Misa en el Santuario comienza a las 18 horas en medio de una lluvia tenue. Llega María hasta la puerta, montada en un asno, acompañada de san José,  Ambos vestidos con trajes de una de las regiones de la sierra ecuatoriana. El coro entona “Ya viene el Niñito”, canto indígena, mientras los feligreses aplauden llenos de alegría.

Misa andina

Esta llegada se anunció con la proclamación de los versos del P. José Kentenich “Tu Santuario es Nuestro Belén”.

“Cultura del Encuentro es cultura de Alianza que crea solidaridad” Papa Francisco

San José y la Virgen permanecieron dentro del Santuario hasta el canto del Gloria de la Misa; momento de gozo inefable en el que la Virgen María sale del Santuario con el Niño en brazos, lo entrega al sacerdote y él lo presenta  solemnemente a la comunidad  de fieles presentes.

Sorprendentemente paró la lluvia y el cielo se despejó de tal manera que el Niño se paseó por todo el lugar cantando mientras se entonaba “Gloria a Dios en las alturas”. Los matrimonios de la Rama de Familias del Valle de los Chillos, incluidos los peregrinos, representaron a las etnias andinas del Ecuador durante la Eucaristía de Nochebuena.

Misa andina

La inculturación del Evangelio

Misa andina El padre Eduardo Auza, asesor de la Rama de Familias, quien celebró la Santa Misa, asoció los valores culturales de las diferentes etnias con la riqueza exquisita del Evangelio y del amor de Dios hecho hombre también en las culturas.

Señaló: “Esto nos habla de la inculturación, que se define como un proceso de integración de una cultura en otra; y esto es lo que sucedió en la Nochebuena, en la Navidad. Dios quiso inculturarse, traer su cultura de amor, su cultura divina y fusionarse con nosotros.  Jesucristo, Hijo del Padre, del Dios eterno, se hace uno de nosotros, es un Dios con Nosotros y esta es la gran causa de nuestra alegría, de nuestra esperanza”.

Se trata de amar, de pensar y vivir orgánicos

Y continuó: “Es un proceso de inculturación de lo divino con lo humano, de la majestad con la pobreza, de la misericordia con lo miserable. Después de dos mil años seguimos teniendo el desafío: hacer que la cultura del Niñito de Belén salga victoriosa frente a tanta cultura del descarte. El Padre Kentenich nos diría que se trata de una nueva manera de amar, de pensar y vivir orgánicos.  Esta es la inculturación que ha recibido el Ecuador, la cultura del Evangelio, la buena noticia de la que hablaba el ángel a los pastores.

Las culturas de las etnias tienen valores evangélicos

Las culturas de las etnias que aquí se representan, tienen valores que son evangélicos, como el alto sentido comunitario, sus artes y labores, sus medicinas, sus tradiciones, etc. Tengamos la audacia de decidirnos por la cultura del Evangelio y de la Nochebuena, la cultura del amor. Danos oídos para escucharte, curiosidad para buscarte, corazón atento para contemplarte, actitud para proclamarte, audacia para anunciarte, piedad para rezarte, humildad para servirte, heroísmo para amarte, generosidad para compartirte, gratitud para adorarte…. En definitiva “ponerse el poncho de Cristo, que es revestirse del hombre nuevo”, remató.

El ministerio de la música seleccionó canciones y villancicos de origen autóctono, acordes a la ocasión con desborde de emoción y solemnidad a la vez.

Cinco etnias de la tierra ecuatoriana llevan sus ofrendas

Las ofrendas fueron presentadas por las distintas etnias: las espigas de trigo, hostias y patena, etnia Cayambe; uvas, vino y cáliz, etnia Cayambe; frutas de nuestra serranía: etnia Chibuleo; cirios e incienso, etnia Saraguro; flores, etnia Natabuela

Adoración del Niño

Una estampa hermosa se podía contemplar con los Niños Jesús colocados en un estante junto al pesebre vivo! Llegaron más de 100 imágenes del Niño Jesús, ancestrales, modernos, de la escuela quiteña de Caspicara, todos hermosamente vestidos.

Después de la comunión se colocó la imagen del Niño Dios delante del Santuario y se hizo un momento de adoración. Fue solemne, de mucho recogimiento y de profunda interiorización del misterio del Dios hecho hombre en nuestra humanidad.

Fuego en la mitad del mundo

Así tuvimos el regalo de una celebración de Nochebuena muy emotiva, alegre y de mucha esperanza. Al final se dio un ambiente de mucha alegría familiar.  Todos querían tomarse fotos junto al pesebre viviente y fueron entrando al Santuario para recibir las gracias de la Navidad.

Finalmente, el P. Eduardo imploró para que Dios y la Mater guíen nuestro camino hacia la cultura del Niñito Jesús.

Nuestro Santuario cumple el próximo 20 de enero 30 años de existencia con su ideal: “Fuego en la mitad del mundo” y queremos seguir avivando ese fuego.

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