Sí, la Madre y Reina de Schoenstatt también estuvo presente en el Mundial de 2026. Al menos, junto a la selección de Ecuador.
Carolina Vilches, responsable de prensa de la selección ecuatoriana de fútbol y miembro de la Liga de Familias de Schoenstatt, lleva consigo la imagen de la Mater en todos los viajes con el equipo. Por lo general, esa imagen permanece en su habitación. Pero los días de partido, acompaña a la delegación en el camerino, convirtiéndose en un signo silencioso de confianza y entrega.
Así, durante toda la campaña de Ecuador en la Copa del Mundo, la mirada de la Mater estuvo presente en los momentos de expectación, en las victorias y también en las derrotas, recordando siempre que la MTA camina al lado de sus hijos.
En esta entrevista, Carolina comparte cómo vivió el Mundial de 2026 y cuenta algunos momentos destacados de esa experiencia.

Carolina, ¿puedes contarnos cuál es tu trabajo en la selección de fútbol de Ecuador?
Actualmente soy la responsable de prensa de las Selecciones Nacionales de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Mi trabajo consiste en coordinar toda la comunicación con los medios y las actividades de prensa durante las concentraciones, entrenamientos, partidos y torneos.
Este es mi segundo Mundial y el trabajo es muy intenso. Hay días larguísimos, muchísimos detalles por coordinar y casi siempre estamos resolviendo cosas sobre la marcha. Pero también es un privilegio enorme. Poder representar a mi país desde lo que hago y vivir un Mundial desde adentro es algo que todavía me cuesta creer. Este siempre ha sido mi sueño.
¿Y cuál es tu vínculo con el Movimiento de Schoenstatt?
Schoenstatt ha sido parte de mi vida prácticamente desde siempre. Entré al Movimiento hace 32 años, cuando tenía apenas 4 años, así que crecí ahí. A los 14 años sellé mi Alianza de Amor con la Mater, un momento que marcó profundamente mi camino de fe.
Fui militante de la Juventud Femenina de Schoenstatt de Guayaquil y, años después, también de la Juventud Femenina de Buenos Aires, mientras estudiaba allá. Schoenstatt me regaló amistades, formación y una forma de entender la vida desde la confianza en Dios y en la Mater.
Hoy mi vida tiene otro ritmo, pero la Alianza sigue siendo parte de mi día a día. También soy parte de la rama de Matrimonios. Sin duda, este vínculo es una relación muy personal que me acompaña en cada decisión importante y que intento vivir también en mi trabajo.

Sueles llevarte a la imagen de la Mater en tus viajes. ¿Estuvo contigo en este Mundial?
Sí. Desde junio de 2025 llevo a la Mater a todos los viajes. Todo empezó porque en el estadio Monumental de Guayaquil, donde antes había una imagen de la Mater, alguien decidió retirarla junto con todas las imágenes religiosas. Nosotros ya habíamos jugado ahí en noviembre de 2024 y Ella estaba presente. Cuando volvimos meses después y vi que ya no estaba, fue algo que me impactó mucho.
Pedí permiso para llevar una imagen de la Mater, la misma que después se hizo viral. Y lo más lindo es que, como una verdadera «Dioscidencia» (Providencia de Dios), era la imagen que durante muchos años había acompañado a mi papá en el santuario de su trabajo. Estaba coronada y yo sentí que Ella también quería ser parte de mi trabajo y convertirse en la Reina de La Tri.
Desde ese día esa imagen viaja conmigo a todas partes, y este Mundial no fue la excepción. La tengo en mi habitación y, en medio de tantos viajes, cambios de ciudad y días de muchísimo trabajo, verla cada mañana o cada noche me recuerda que nunca estoy sola. Los días de partido también va conmigo al camerino y muchas veces he visto a jugadores acercarse, tocarla y persignarse.
Los días de partido también va (la imagen de la Mater) conmigo al camerino y muchas veces he visto a jugadores acercarse, tocarla y persignarse.
¿Has tenido ya la oportunidad de hablar sobre Schoenstatt y tu fe con la selección de Ecuador, ya sea con los jugadores o con el cuerpo técnico?
Sí, en conversaciones muy naturales. Nunca ha sido algo impuesto ni una conversación preparada, pero cuando se da la oportunidad comparto con mucha alegría lo que significa mi fe y lo importante que es Schoenstatt en mi vida.
El día que le ganamos a Alemania, uno de los jugadores respondió un mensaje que le envié diciéndome: «Muchas gracias, Carito. Dios y la Mater estarán con nosotros el día de hoy. Sí, yo también voy a la iglesia de Schoenstatt.»
Ese mensaje me emocionó muchísimo. Sentí una alegría muy grande y se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue uno de esos pequeños regalos que la Mater pone en el camino.


¿Sientes que la Mater te acompañó en este viaje? ¿En qué momentos has sentido su presencia?
Sí, muchísimo. La he sentido especialmente en los momentos de mayor cansancio, cuando hay presión, cuando las cosas no salen como estaban planificadas o simplemente cuando extraño a mi familia.
Pero también la he sentido en los pequeños detalles. En personas que aparecen justo cuando las necesitas, en conversaciones que llegan en el momento indicado, en esa paz que aparece sin una explicación lógica. Para mí, ahí está la Mater. No siempre en cosas extraordinarias, sino acompañando muy silenciosamente el día a día.
Antes del partido contra México, cuando nos jugábamos la clasificación, llevé la imagen a la Basílica de la Virgen de Guadalupe. El resultado no fue el que todos soñábamos, pero sí sentí que su presencia hizo que ese momento fuera mucho más llevadero. Me recordó que Dios sigue escribiendo incluso cuando nuestros planes no son los mismos.
Ecuador dio la sorpresa en esta edición del Mundial al vencer a la temida Alemania. Sabemos que hay una gran preparación técnica y mucha entrega por parte del equipo, pero ¿la fe también ha ayudado a la selección en esta competición? En tu opinión, ¿ha tenido «la mano de la Mater» algo que ver en este partido?
Estoy convencida de que detrás de un resultado como ese hay muchísimo trabajo. Hay un cuerpo técnico que prepara cada detalle, jugadores que se esfuerzan al máximo y un grupo humano muy comprometido.
Desde mi fe, sí creo que Dios y la Mater acompañan nuestro camino. No creo que hagan ganar o perder un partido, pero sí creo que sostienen, dan paz, fortaleza y ayudan a vivir cada desafío con esperanza.
Yo, personalmente, sí sentí muchísimo la compañía de la Mater durante todo este Mundial. Más que pensar en un resultado puntual, siento que estuvo presente acompañándonos en cada paso, cuidándonos y recordándome que, incluso en medio de la presión, de la incertidumbre o de las derrotas, siempre estamos en buenas manos.
Y esa certeza, para mí, ha sido uno de los regalos más grandes de esta experiencia.
El día que le ganamos a Alemania, uno de los jugadores respondió un mensaje que le envié diciéndome: «Muchas gracias, Carito. Dios y la Mater estarán con nosotros el día de hoy. Sí, yo también voy a la iglesia de Schoenstatt.»
¿Cómo ha sido tu experiencia en este Mundial? ¿Puedes contarnos tus impresiones?
Ha sido una de las experiencias más intensas y más lindas que me ha tocado vivir.
Como mamá de dos niñas, creo que este Mundial lo viví desde dos lugares al mismo tiempo. Desde el enorme privilegio de cumplir el sueño por el que he trabajado durante tantos años y desde el desafío de estar más de 40 días lejos de ellas y de mi familia. Sin duda, esa fue la parte más difícil.
Han sido más de 40 días conviviendo con un grupo de personas que, sin buscarlo, se convirtió en otra familia. Con días hermosos y otros muy difíciles. Con alegrías, frustraciones, cansancio, abrazos, despedidas y muchísimo aprendizaje.
Este Mundial me confirmó que esto no es solo fútbol. Detrás de cada partido hay personas que dejan a sus familias, que se pierden cumpleaños, nacimientos y momentos que ya no vuelven. Hoy entiendo mucho mejor el sacrificio que hace cada jugador, cada miembro del cuerpo técnico y cada persona que trabaja detrás de una selección.
Creo que una de las cosas más valiosas que me llevo es haber entendido que todos somos profundamente humanos. Que nos equivocamos, que muchas veces un abrazo, una mirada o una palabra de aliento es exactamente lo que el otro necesita. Y que cuando uno convive tanto tiempo con las mismas personas, aprende a ponerse en los zapatos del otro y a mirar con más empatía.
También me llevo un profundo agradecimiento. Por el privilegio de haber estado aquí, de representar a mi país y de haber conocido a un grupo humano extraordinario. Estoy convencida de que Dios juntó a cada una de las personas que tenía que juntar en este camino.
Hoy volvemos a casa con la tranquilidad de haber dado todo. Porque los resultados a veces acompañan y otras veces no, pero cuando uno sabe que entregó el corazón y trabajó con honestidad, también encuentra paz.
No cambiaría por nada esta experiencia. Me transformó como profesional, pero sobre todo como persona, como esposa y como mamá.



