Un equipo de jóvenes argentinos y brasileños, con el apoyo de las Hermanas y los Padres de Schoenstatt, preparó una peregrinación a la tierra del venerable diácono João Luiz Pozzobon: Santa María, en Brasil. Con el deseo de vivir un nuevo Pentecostés, 48 peregrinos jóvenes y adultos, laicos y consagrados, todos deseosos de conocer más sobre la vida de Don João, realizaron un viaje transformador del 21 al 25 de mayo, que unió naciones y lenguas en un mismo espíritu.
Nuestro grupo, compuesto por paraguayos, ecuatorianos e incluso una joven de Alemania, compartió un fin de semana de peregrinación y misión recorriendo la “tierra santa”, donde nació la Campaña de la Virgen Peregrina. Vivimos este viaje como una auténtica peregrinación para conocer de primera mano los lugares donde comenzó esta obra de apostolado laical, que, en la persona del Venerable João Luiz Pozzobon, partió desde el Santuario de Tabor para recorrer el mundo entero.

Un encuentro entre generaciones
De un humilde comienzo en un Santuario de Schoenstatt en las “periferias” de Latinoamérica, de una persona que supo decir “sí” para llevar a María a las familias y se entregó por completo a esa misión, surgió una corriente de vida misionera de alcance mundial. Y ese salto internacional también se dio de manera sencilla, como suele suceder con las cosas de Dios, mediante un pequeño grupo de peregrinos que, junto al P. Esteban Uriburu, en 1984 viajó a conocer a Pozzobon y pedirle algunas imágenes peregrinas para difundir en Argentina y América.
Curiosamente, o más bien, providencialmente, esta peregrinación que originalmente iba a involucrar solamente a jóvenes misioneros de Argentina también atrajo a algunos adultos, quienes precisamente pertenecían a aquella generación de jóvenes que participó en las primeras peregrinaciones realizadas entre 1984 y el año 2000.
Un hermoso signo de la providencia es esta conexión intergeneracional, por la cual los mayores pudieron dar testimonio de esa “historia sagrada” que tuvo un hito en 1984 y ahora se renovaba con una nueva generación de jóvenes misioneros.

Un encuentro con la historia
Entre las vivencias que nos fueron regaladas, podemos destacar que el mismo día en que llegamos fuimos recibidos en la Casa Museo por los tres hijos de Don João que aún viven: Humberto, Pedrolina y Nair. A pesar de la muy reciente partida de Vilma (hija de Pozzobon, fallecida el día anterior), decidieron darnos su tiempo y estaban felices de ver a tantos jóvenes.
Nos dieron un lindo testimonio acerca de la vida de su papá como esposo y padre de familia, como cristiano y misionero, y de cómo ello influyó en la vida de cada uno de ellos. Una frase de Humberto me quedó en la memoria: “Si hoy viviera Don João, ya no diría que ahora la Campaña va a jato (en avión) sino que ahora la Campaña va em foguete (en cohete)”. Lo veo como una invitación a ir aún “más alto y más lejos” que antes.
Dos experiencias memorables
Pero en esta peregrinación no solo visitamos lugares históricos como la Casa Museo, la Parroquia São Pedro o la casa natal de Don João, sino que también pudimos vivir algo de lo que él solía hacer cuando peregrinaba: estar con la gente. Por eso, dos experiencias significativas fueron recorrer a pie los 9 km que separan las tres Capelinhas que João Pozzobon construyó, y también llevar a cabo un día de misión por los barrios carenciados para encontrar allí a los vecinos, tal como Don João lo hiciera hace más de 40 años
Lo sabemos: no es lo mismo ver una foto o leer un libro sobre las obras de alguien que hacer uno mismo el recorrido y ser testigo ocular de lo acontecido. Nosotros pudimos hacer el mismo trayecto rezando el rosario por las tres capelinhas que João visitaba cada semana, llevando a la Mater Peregrina a los vecinos. Así conocimos la Capelinha Azul, Rosa y Blanca, que simbolizan las tres gracias del Santuario; allí conocimos mejor la historia de la “Vila Nobre da Caridade” y encontramos a vecinos que todavía rezan allí.


Vivencia misionera en la práctica
El domingo celebramos la solemnidad de Pentecostés y lo vivimos de una manera muy especial. Los cerca de 70 jóvenes misioneros fueron enviados desde el Santuario Tabor para llevar la imagen de la Virgen Peregrina a los mismos barrios a los que, muchos años atrás, João Pozzobon iba. Fuimos en grupos más pequeños a realizar las visitas casa por casa, manzana por manzana, con algunas estampas y la imagen Peregrina para rezar con los vecinos.
Comparto una experiencia personal al respecto: fue grande mi sorpresa al visitar la primera casa de un barrio de la periferia de Santa María, llamado “Estação dos Ventos”. Nos recibió una señora de unos 70 años, en una vieja casa de madera, sumamente humilde. En “portuñol” nos presentamos como misioneros católicos y le mostramos la Virgen Peregrina. De inmediato la reconoció y me dijo: “Yo conocí al Sr. João Pozzobon. ¡Es un santo! Me ayudó mucho cuando era niña. Venía a visitarnos con la Virgen y me ayudó a hacer la primera comunión; me consiguió lo que necesitaba. Y más adelante me casó. “
Demás está decir el impacto que me dejó su testimonio, al recordar lo acontecido hace más de 50 años como si fuera hoy. Una cosa es que leas acerca de alguien que hizo cosas nobles, dignas de santidad… y otra muy distinta es que te lo diga, cara a cara, alguien que lo vivió.

Partir “abriendo las ventanas”
Concluimos la tarde del domingo compartiendo en los jardines del Santuario los testimonios de lo acontecido en estos días. Fuimos agraciados con un regalo para llevar a Argentina como un signo sencillo pero elocuente: nos confiaron una “ventana” original de la Capelinha Rosa. Seguramente podremos darle muchos significados más adelante, pero sin duda es una invitación a salir “abriendo las ventanas” de la Campaña para que muchos otros puedan “entrar y mirar” el tesoro que hay dentro.
Estamos conscientes de que esta peregrinación ha sido una experiencia transformadora que nos deja huella y nos abre horizontes. En la Eucaristía de Pentecostés que celebramos junto al Santuario Tabor, renovamos el compromiso misionero y recibimos, al igual que los apóstoles, los dones del Espíritu para volver a nuestras tierras como testigos, encendidos por la misión de llevar a María “más lejos y más alto” que antes.
Aquí los peregrinos nos comparten sus testimonios de estos días:
Santiago Inchauspe, JM San Isidro
En las tierras de Don João conocimos su heroísmo. Ahí, en Santa María, experimentamos de primera mano el impacto profundo que tuvo en todas las personas que lo conocieron. Me llamó la atención lo simple de lo que hacía y su constancia. Por 35 años, llevó a la Virgen y rezó el Rosario. Tan simple y tan difícil. Por 140.000 kilómetros, caminó fiel a su Alianza.
Volví a casa con la convicción de que vale la pena hacer cosas buenas y sencillas con constancia durante mucho tiempo. Porque el que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho.”
Santiago Inchauspe, JM San Isidro, postulante de los Padres de Schoenstatt
Rosario Hail, JF Belgrano, Argentina
“Mi experiencia de la peregrinación a Santa María se basó en volver a sentirme cobijada en el Tabor de María. Tuve la gracia de vivir el Jubileo de los 75 años de la Campaña en septiembre del año pasado, y eso fue lo que motivó mi deseo de volver.
Esta peregrinación tocó mi corazón; volví a sentirme instrumento de María, cada día y en cada espacio de mi vida, y también sentí la importancia y la responsabilidad que heredamos al ser los pies de la Mater en la tierra. Pude seguir profundizando mi vínculo con la Madre y Reina y con nuestro querido Venerable João Luiz Pozzobon, quien, estoy segura, nos acompañó en cada paso de este viaje, pasos que también nos acercan a su beatificación, para impulsar la difusión de este testimonio de amor al mundo entero.
Los vínculos no fueron únicamente con Dios, María y Don João, sino también con nuestros “dueños de casa”; todos los que nos recibieron en Santa María fueron grandes reflejos de María en estos días. Formamos vínculos que, sin duda, permanecerán, acompañarán y nutrirán nuestros caminos hacia la santidad a través de la Campaña.
Esperamos volver el próximo año y seguir haciendo que María llegue a cada rincón del mundo.”
Rosario Hail, JF Belgrano, Argentina
Belen Folonier, JF La Plata, Argentina
“Compartir con la Juventud de distintas partes de Argentina y de Brasil también fue maravilloso. Todos en una misma sintonía, unidos por una misión: llevar a María a donde Ella quiera llegar, así como lo hizo Don João Pozzobon hace 75 años.
También, en lo personal, esta experiencia significó muchísimo para mí, ya que pude consagrarme como misionera de la Campaña Joven en el Santuario Tabor, eligiendo ser instrumento de María y llevando conmigo el fuego misionero.”
Belen Folonier, JF La Plata, Argentina
Isabela Ventorini, JF Santa Maria, Brasil
“Participar en esta peregrinación nos recordó la alegría que significa ser Familia de Schoenstatt. Venimos de lugares distintos, hablamos idiomas distintos, tenemos culturas distintas, pero estamos unidos en la Alianza de Amor, teniendo al Santuario como nuestro Hogar. Nos preparamos mucho para recibirlos y fue increíble compartir experiencias, cantar juntos, comparar los mates (¿será que el chimarrão brasileño es mejor que el mate argentino?) y vivir momentos de fe.
¡Qué hermoso es ver la expansión de la Campaña de la Virgen Peregrina y saber que el venerable João Luiz Pozzobon sigue tocando corazones en todo el mundo! Espero que todos hayan experimentado aquí el verdadero “Tabor” y que juntos podamos exclamar: “¡Qué bien estamos aquí!”
Isabela Ventorini, JF Santa Maria, Brasil
Maria Isabel Dalcin Dotto, JF Santa Maria, Brasil
Recibir a los argentinos estos días ha sido una experiencia muy especial y memorable para todos nosotros, los brasileños. Desde la organización y preparación de cada detalle, hasta darnos cuenta de que cada esfuerzo valió la pena. A pesar del cansancio y de las prisas en algunos momentos, fue muy bonito ver cómo todo se desarrollaba, su alegría, la integración entre las juventudes y cómo fuimos creando vínculos tan rápidamente.
Estar con los jóvenes de la Campaña Joven de Argentina en estos días nos enseñó mucho sobre nuestra misión.
Compartir conversaciones, momentos sencillos, risas, oraciones y toda la experiencia de la peregrinación nos hizo sentir como una sola familia, lo que fortalece aún más este inicio de la formación de la Campaña Joven, que estamos comenzando aquí en Santa María, porque nos hace darnos cuenta de que estamos construyendo algo más grande, con personas que llevan el mismo amor por la Mater y el mismo deseo de llevar ese amor a otras personas.
Maria Isabel Dalcin Dotto, JF Santa Maria, Brasil


