La reunión de primavera para líderes de la Campaña de la Virgen Peregrina de Schoenstatt en Texas, EE. UU, ofreció reflexiones profundas e inspiradoras. Gina Moraida comparte sus impresiones de la reunión celebrada el 22 de marzo:
Hay algo realmente especial en estar en una sala rodeada de personas que comparten el mismo amor, la misma misión y, sinceramente, el mismo «sí» silencioso que mantiene todo esto en marcha.
El 22 de marzo, en Lamar, Texas, los líderes estatales de la Campaña de la Virgen Peregrina de Texas se reunieron para su encuentro trimestral. Durante nuestro tiempo juntos, se nos hizo una pregunta sencilla: ¿Qué nos motiva a hacer este trabajo? Y las respuestas no fueron complicadas ni ensayadas. Fueron auténticas.
El amor.
El deseo de servir.
El deseo de ser instrumentos.
Hacerlo por nuestras familias, nuestros hijos, nuestros futuros nietos.
Querer acercar a las personas a Jesús a través de María.
Y mientras todos compartían, me di cuenta: esto no es algo para lo que simplemente nos ofrecemos como voluntarios. Es algo que hemos dejado que nos moldee. Porque formar parte de la Campaña de la Virgen Peregrina no se trata solo de organizar un rosario o coordinar un evento. Está en la forma en que vivimos, en la forma en que nos mostramos ante las personas, en la forma en que llevamos nuestra fe a los momentos cotidianos.
Una llamada poderosa
A lo largo del día, hubo una fuerte sensación de que se nos pedía hacer algo más que simplemente mantener lo que tenemos. Se nos pide mantener viva la llama, no solo para nosotros mismos, sino también para las personas a las que estamos llamadas a servir.
Y eso requiere intención.
Hablamos de formación, de la necesidad de crecer como líderes y como misioneros, no solo por el bien de la estructura, porque no se puede dar a los demás si no se recibe. Se está preparando un programa de formación, se están organizando recursos compartidos y se nos anima a todas a asumir la responsabilidad de nuestro propio crecimiento. No de manera abrumadora, sino de manera real y con los pies en la tierra.

Son las pequeñas cosas las que marcan una gran diferencia
Sin embargo, lo que más me gustó fue escuchar las experiencias de cada zona. Me recordó que esta misión no crece gracias a un solo gran momento. Crece gracias a cientos de pequeños gestos de fe. Cada ciudad lo hace de forma ligeramente diferente, pero el espíritu es el mismo.
Algunos están organizando rosarios bilingües y uniendo a diversas comunidades. Otros están entablando relaciones con los párrocos y abriendo puertas a nuevas parroquias. Algunos están haciendo visitas a domicilio, organizando talleres o simplemente manteniendo la constancia con los rosarios mensuales. Hubo procesiones a la luz de las velas, pequeñas reuniones, tarjetas de felicitación… cosas sencillas, pero significativas.
También dedicamos tiempo a hablar de tres palabras: evangelizar, mantener y crecer. Y aunque suenen sencillas, en realidad están pensadas para desafiarnos.
- Evangelizar no consiste en imponer nada a nadie, sino en invitar. Se trata de estar abiertos, tender la mano y encontrarnos con las personas donde están, ya sea a través de una conversación, un mensaje o incluso algo tan sencillo como una publicación en línea.
- Mantener a las personas conectadas también requiere esfuerzo. Hacer un seguimiento, interesarse por ellas, crear espacios donde las personas sientan que pertenecen. Porque las personas se quedan donde se sienten vistas.
- Crecer… esa es la parte más profunda. Crecer en nuestra fe, en nuestra comprensión, en nuestra disposición a asumir el liderazgo y la responsabilidad. No a la perfección, pero con fidelidad.
Una cosa que más me quedó grabada es que no estamos haciendo esto solos.
Es fácil sentir que llevas todo el peso en tu propia parroquia o en tu propio grupo, pero estar en esa sala me recordó que hay toda una comunidad caminando a tu lado. Aprendiendo, resolviendo cosas, apoyándonos unos a otros. También está ocurriendo algo realmente hermoso entre bastidores a medida que empezamos a construir una estructura más sólida: un equipo central, funciones más claras, una mejor comunicación. No para complicar las cosas, sino para apoyar la misión de una manera que la ayude a perdurar.
Al terminar el día, no parecía que estuviéramos tachando algo de una lista. Parecía que nos estaban enviando de nuevo, con un poco más de claridad y un poco más de fuego.
Porque, al fin y al cabo, esta misión no vive en las reuniones.
Vive en los hogares.
En las conversaciones.
En los actos silenciosos de amor y servicio.
Y en las personas que siguen diciendo que sí, incluso cuando es algo sencillo, incluso cuando pasa desapercibido.
Y quizá sea precisamente, así como debe ser.


