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Schoenstatt
Apostolic Movement

Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América

By: Hna. M. Lourdes Macias

La Santísima Virgen María, en su advociación de Guadalupe, más que aparecerse en 1531 para los mexicanos, se apareció para toda América. En su primera aparición, el 9 de diciembre, la Virgen de Guadalupe dijo: «Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio, defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra…». (Nican Mopohua)

En ese momento histórico, México no existía como nación. Casi todo el continente habia sido colonizado por España, y una parte por Portugal. Pero los primeros misioneros, a pesar de los intentos incansables que hacían, no lograban encender el fuego del Evangelio en los corazones de los nativos, que seguían aferrados a sus dioses. Mas cuando la Madre de Dios se apareció y dejó su imagen impresa en el ayate, los americanos comenzaron a convertirse a Jesucristo a un ritmo sorprendente: en menos de 20 años 9 millones de habitantes ya habían abrazado el cristianismo.

Fray Martín de Valencia, en sus Memoriales, cuenta como en 1532 ya eran los propios indígenas los que acudían en gran número a pedir desesperadamente el Bautismo porque querían hacerse cirstianos.

El 25 de mayo de 1754 el Papa Benedicto XIV nombró a la Virgen de Guadalupe como Patrona de la Nueva España, y fue entonces que pronunció en latín aquellas palabras del salmo 147: Non fecit taliter omni nationi. Esto significa: “No hizo cosa igual con otra nación”.

El 24 de agosto de 1910, el Papa Pío X declaró a la Virgen de Guadalupe «celestial Patrona de la América Latina».

Y ¿qué paralelos tienen Guadalupe y Schoenstatt?

En el Nican Mopohua que es donde se describe como milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe, le pide a Juan Diego que le informe al Obispo:

“Mucho deseo que aquí me provéa de una casa, me erija en el llano mi templo”

En Schoenstatt, María también se escogió una casa, un lugar donde, como en Guadalupe, ella puede darnos hogar. Un lugar donde nos podamos sentir nosotros mismos y podamos abrir nuestro corazón y en él ella pueda morar y tener influencia. Un hogar, un Santuario donde podamos enraizarnos y pertenecer.

Y continúa María en el Nican Mopohua: “ Daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación:
porque yo en verdad soy su Madre Compasiva… porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, y curararé todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores

En Schoenstatt, María se manifiesta como nuestra Madre, pero también como nuestra educadora. Ella está ahí, siempre y como buena Madre quiere que nosotros sus hijos seamos cada vez mejores y con su ayuda nos transformemos interiormente.

Y Juan Diego va a ver al Obispo siguiendo las palabras de su Reina Celestial:…”y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío.  Ya has oído, hijo mío el menor, mi aliento mi palabra; anda, haz lo que esté de tu parte». (Nican Mopohua)

Y lo mismo hace María en Schoenstatt, ella nos envía, ella confía en nosotros y sólo nos pide que hagamos nuestra parte, ella está a nuestro lado haciendo la suya.

En Alianza de Amor con ella, la reconocemos como Madre: “…yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, yo, que soy la Madre de Dios, te mando«. (Nican Mopohua) y nos sabemos sus hijos amados. No somos huérfanos nunca.

Virgen de Guadalupe

Cuando uno visita la Basilica de Guadalupe en la Ciudad de México, al acercarse se encuentra con las palabras: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”

Madre, gracias por tu elección! Fórmanos según tú imagen, si, tranfórmanos para ser cada vez más como tú.

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