Con cierta incertidumbre ante lo desconocido, pero con un anhelo inmenso en el corazón, emprendimos el viaje hacia Schoenstatt. Llegamos a Vallendar sin saber exactamente qué nos esperaba ni qué tareas realizaríamos cada día; sin embargo, desde el primer momento la Mater nos hizo comprender con total claridad que este era su plan y no el nuestro. Durante seis semanas, dos matrimonios de Monterrey, México, tuvimos la bendición de vivir la experiencia de ser voluntarios al servicio directo del Santuario Original.
Como suele suceder cuando uno se entrega al servicio, terminamos recibiendo infinitamente más de lo que pudimos dar.

“Rezar con las manos”: El Evangelio hecho tarea diaria
Llegar al Santuario Original es entrar en la historia viva de nuestra familia. Cada jornada comenzaba saludando a la Mater, más tarde, haciendo pausas a lo largo del día para acompañar al Santísimo y uniéndonos a la Santa Misa diaria. Pronto descubrimos una dimensión muy tangible de nuestra Alianza de Amor: si en el Camino de Santiago se reza con los pies, en Schoenstatt aprendimos a rezar con las manos.
El voluntariado nos tocó en un momento clave de renovación y mantenimiento del lugar santo. Tuvimos la oportunidad de apoyar en labores muy diversas:
- Cuidado y mantenimiento del Santuario: Ayudamos a mover y proteger todos los elementos del Santuario para la pintura interior, limpiando con esmero y devolviendo cada pieza a su lugar junto a voluntarios de Alemania y República Checa.
- Mudanza y adecuación de la Nueva Sacristía: Colaboramos en el traslado de materiales, muebles y todo lo que corresponde a sacristía hacia los contenedores, donde estará provisionalmente.
- El Jardín de los Héroes: Con gratitud hacia quienes dieron inicio a la misión, trabajamos en el arreglo y mejora del jardín que rodea las tumbas de los primeros congregantes y dándole mantenimiento, puliendo y pintando sus tradicionales cruces negras.
- Servicio de sacristía y acogida: Apoyamos en turnos como sacristanes, en la capilla de las velas y en la atención a las necesidades que se fueran presentando.
En cada una de estas tareas, por pequeña o pesada que pareciera, sentimos que el trabajo se transformaba en una ofrenda viva al Capital de Gracias.


Vínculos que construyen la Familia Internacional
Uno de los mayores regalos de estas semanas fue el encuentro humano y sobrenatural con la comunidad que custodia la vida diaria en torno al Santuario.
Compartir jornadas, risas y fatiga con voluntarios locales y de otros países nos hizo experimentar la belleza de ser una sola familia internacional. Pero, sobre todo, nos conmovió ser testigos del rostro de tantos peregrinos que llegaban por primera vez o volvían al hogar: ver su emoción ante la Mater nos renovó el asombro y la devoción.
Un envío renovado
Al conocer y cuidar el Santuario Original en su intimidad diaria, uno no puede más que amarlo con mayor profundidad y sentirlo verdaderamente propio. La Mater no se deja ganar en generosidad y nos demostró de mil maneras que estábamos allí por y para Ella.
Regresamos a Monterrey con el corazón lleno y la certeza de que esta vivencia no termina aquí. Nuestro anhelo es ayudar a impulsar un programa para que más matrimonios puedan vivir esta misma aventura de entrega.
Servir en el Santuario Original es un regalo transformador. Y como todo regalo de Dios, nos envía de regreso a nuestra vida cotidiana para seguir construyendo Schoenstatt con renovada alegría y disponibilidad.