En Guayaquil, Ecuador, jueves 30 de Julio de 2026, vibra el Centro Cultural de Olmedo, con el concierto de gala del Maestro José María Álvarez Muñoz dirigiendo a la “Orquesta de la Ciudad” en un homenaje al año Jubilar de 100 años de las Hermanas de María de Schoenstatt.
Con categoría magistral, el destacado Doctor Cum Laude y Máster en Musicología, José María Álvarez Muñoz, integró a su programa cuatro obras musicales: Obertura “Los Esclavos Felices” de Juan de Arriaga, Sinfonía Número 8 “Inconclusa” de Franz Schubert, Pax del compositor ecuatoriano Julio Bueno, y Danzón Número 2 del cubano Arturo Márquez.

El Maestro José María Álvarez Muñoz actualmente dirigiendo la Orquesta y Coro de la Universidad Autónoma de Madrid y otras prestigiosas agrupaciones vocales y sinfónicas en Europa y América, proviene él mismo de un matrimonio y familia fundadora del Movimiento de Schoenstatt en Guayaquil, y valiéndose de su talento excepcional para convertir la música en una vivencia sensorial y espiritual para sus espectadores, resaltó con gratitud particular a las Hermanas de María de Schoenstatt, cual concreción del sueño audaz del Padre Fundador de Schoenstatt, sacerdote alemán José Kentenich, quien plasmó en su constitución pilares que formaran al hombre y mujer nuevos, al servicio de una sociedad e Iglesia nuevos.

Con erudición y una dirección musical incomparables, compartió en los preliminares de cada obra, procedencia y contexto históricos, virtudes y cualidades, que seguramente en los asistentes promovió la asimilación de un espejo, donde entender la misma trayectoria de las Hermanas de María. Así, de los “Esclavos Felices”, destacó la libertad interior que centrada en lo trascendente, permite superar cualquier escollo; de la Sinfonía Inconclusa, señaló que pese a que todo sueño puede estrellar contra coyunturas adversas, la fidelidad a la naturaleza y a la fe en Dios siempre lleva a la paz de seguir soñando y volviendo realidad esos sueños. De la obra Pax, destacó la integración de instrumentos musicales únicos, para recordarnos que vivir es un tránsito permanente de paz a guerra, con transiciones que, aunque no brinden seguridades humanas, jamás vencerán la victoria última del espíritu. Invitó a bailar de corazón con el Danzón Número 2, recordando la cualidad que no hay que dejar morir nunca: nuestra capacidad de bailar la existencia, con esperanza y alegría.
¿Quién que conoce a una Hermana de María, no las reconoce en estos atributos?


Fue una hermosa noche de gratitud a Dios y a la Mater. Una experiencia sin igual para la Familia de Schoenstatt, que aprendió de su fundador el amor por la música. El P. Kentenich apreciaba las canciones y sabía de su importancia para el alma humana; la música le dio fuerzas cuando era prisionero y hoy sigue inspirando a muchos hijos de Schoenstatt y, en particular en esta presentación, a la comunidad de las Hermanas de María, que durante todo este año celebra su centenario.


