El Santuario Original de Schoenstatt recibió el 21 de junio de 2026, con gran alegría, a los misioneros, familias y peregrinos que viven en Europa, así como a inmigrantes procedentes de Brasil, Portugal, Guinea y Cabo Verde, para una intensa jornada de espiritualidad, formación y renovación de la misión de la Campaña de la Virgen Peregrina. Desde las primeras horas de la mañana, los participantes llegaron llenos de expectación para vivir un encuentro marcado por la fe, la oración y la vivencia de la Alianza de Amor en la 14.ª peregrinación de la lengua portuguesa.
El encuentro comenzó con la bienvenida a los grupos y, a continuación, se celebró la Santa Misa en la Iglesia de los Peregrinos. En su homilía, el P. Celso Machado Lima recordó que la misión del misionero de la Virgen Peregrina no consiste solo en llevar la imagen de la Mater a las familias, sino también en permitir que María transforme nuestra propia vida. Estamos llamados a permitir que ella haga de cada uno de nosotros un santuario vivo y que nuestras familias se conviertan en verdaderos santuarios domésticos, donde Dios pueda morar y actuar.
Inspirado por el Evangelio del día, el celebrante destacó la invitación de Jesús: «¡No tengan miedo!». Esa Palabra fortaleció los corazones de todos los presentes, recordándoles que Cristo camina con nosotros en todas las circunstancias de la vida. Al igual que el Venerable João Luiz Pozzobon, somos enviados a evangelizar dondequiera que estemos, comenzando por los entornos más cercanos a nosotros: nuestras familias, vecinos, comunidades y lugares de trabajo.

Celebrando con las Hermanas de María
Un momento particularmente emotivo tuvo lugar al final de la Santa Misa, después de la comunión. En un clima de profunda gratitud, las Hermanas de María de Schoenstatt presentaron a los peregrinos el himno oficial de su Jubileo por los 100 años de su fundación, compartiendo la alegría de este centenario y renovando su compromiso de servir a la Iglesia y a las familias, según el carisma del Padre José Kentenich.
A continuación, los misioneros de la Campaña de la Virgen Peregrina rindieron un sencillo y significativo homenaje a las Hermanas. En nombre de todos los presentes, el misionero Ricardo Antonio Wanderley Neves Filho les dirigió palabras de profundo agradecimiento, reconociendo un siglo de fidelidad, de entrega silenciosa y del generoso «sí» que transformó la vida de innumerables familias en todo el mundo. Se destacó especialmente la gratitud por el trabajo incansable de las Hermanas al enseñar a las familias a convertir sus hogares en verdaderos Santuarios domésticos y por su misión de formar corazones según la pedagogía mariana de Schoenstatt.
Como expresión de este reconocimiento, unos 20 acólitos entregaron una rosa a cada hermana. La rosa, reina de las flores, simbolizó la belleza de la vocación, la pureza del amor y la gratitud de todos aquellos que experimentan, a través de la misión de las Hermanas de María, el cuidado maternal de la Madre Tres Veces Admirable.
Al recibir las flores, se invitó a las Hermanas a llevarlas al Santuario Original, ofreciéndolas a la Mater junto con las intenciones, las alegrías, las preocupaciones y las oraciones de todas las familias presentes.
Un evento vivido en familia
Después del almuerzo y de un alegre momento de convivencia entre los participantes, el programa de la tarde ofreció diversas actividades simultáneas. Muchos peregrinos participaron en las visitas guiadas al Santuario Original y al Santuario de las Familias, profundizando en el conocimiento de la historia y la espiritualidad de Schoenstatt. Otros aprovecharon la oportunidad para recibir el sacramento de la Reconciliación o para participar en la oración del Santo Rosario, recordando la misión y el testimonio de João Pozzobon.
Uno de los momentos más destacados de la peregrinación fue la consagración de los niños. Cada niño escuchó de boca de sus propios padres la pronunciación de su nombre, como señal concreta de su entrega a la protección y al cuidado de la Santísima Virgen. Fue un gesto profundamente conmovedor, que expresó la confianza de las familias en María como educadora y guía de sus hijos.
Otro momento destacado fue la bendición de las llaves de las casas. Este gesto nos recordó que deseamos abrir las puertas de nuestros hogares a Cristo y a María, permitiendo que sus gracias alcancen todo lo que vivimos en el día a día.

Renovando la misión de llevar a Cristo a las familias
La adoración al Santísimo Sacramento, dirigida por el P. Bernardo da Rocha, fue una profunda invitación al silencio y a la confianza. Ante Jesús Eucarístico, fuimos llamados a mantener la mirada fija en el Señor y a creer que Él permanece con nosotros en todas las situaciones de la vida, especialmente en las más difíciles. Fue un momento de gran recogimiento, esperanza y renovación interior.
La peregrinación culminó con la solemne procesión hacia el Santuario Original. Allí, los participantes ofrecieron sus aportes al Capital de Gracias y quemaron simbólicamente sus peticiones e intenciones, entregándolas a las manos de la Madre y Reina. En ese mismo momento, también tuvo lugar el envío de los misioneros de la Campaña de la Virgen Peregrina, que renovó la misión de llevar a Cristo a las familias mediante la presencia de la Madre de Dios.
Al final de este intenso día, a pesar del fuerte calor que acompañó todo el programa, todos regresaron a sus hogares profundamente agradecidos por las innumerables bendiciones recibidas. Fortalecidos por la experiencia vivida en el Santuario Original, los 800 peregrinos partieron con el corazón renovado de regreso a sus ciudades: Hamburgo, Maguncia, Fráncfort, Colonia, el sur de Alemania, Bélgica y Luxemburgo. Son conscientes de que María sigue enviando a sus hijos para que sean instrumentos de evangelización y de esperanza.


