100 años de las Hermanas de María: La celebración nacional en Argentina

Hna. Clara María Bercetche

Los días 12 y 13 de septiembre las Hermanas de María de Schoenstatt de la Provincia de Nazaret y más de 5.000 personas celebraron los 100 años de la fundación de su comunidad a la sombra del Santuario Nacional y la iglesia de Dios Padre, en Nuevo Schoenstatt, Florencio Varela, Argentina.

12 de septiembre de 2026, el día en que corazones ardientes devoraron el frío

Los brotes de los árboles, los capullos de las flores están a punto de abrirse, pero aún el invierno no quiere dejar su puesto.

Vaticinios no muy alentadores se pronosticaban para el tiempo en el fin de semana del 12 y 13 de septiembre en los alrededores de Buenos Aires. Quizás algo de lluvia, vientos fuertes del sur y temperaturas mínimas.

Y así fue: una apertura del jubileo de los 100 años, el 12 de septiembre, día del Dulce Nombre de María, en un día de frío intenso, pero totalmente transido de una profunda calidez sentida por todos.

En la explanada de la iglesia de Dios Padre, en la gélida mañana del sábado corría el viento y se cruzaba con los grupos de peregrinos que llegaban desde la casa de retiros o desde la calle con sus coloridos distintivos, sus sonrisas. Las risas, los abrazos, las exclamaciones de sorpresa ante los encuentros hacían olvidar la temperatura y los corazones ardían en el gozo.

Desde Uruguay, desde Paraguay, desde todos los puntos cardinales de la Argentina se iban asomando rostros para iniciar la procesión inaugural que abría este jubileo tan esperado.

Las banderas iniciaban la marcha y por la calle se dirigieron hacia el histórico portón por el que años atrás entraba el auto que traía al Padre José Kentenich para bendecir el Santuario. En ese emblemático lugar deseábamos abrir las puertas al nuevo centenario, dejando atrás una historia riquísima e irrepetible que acuñó para siempre el destino de Schoenstatt.

Pasos más adelante un grupo de Hermanas cantaba “Aseméjanos a ti, María” y las voces se unían a la de los peregrinos que se sumaban en la alabanza de aquella que, en el fondo, recibió todos los honores, la Madre tres veces Admirable.

La procesión continuó hacia el Santuario finalizando en el auditorio de la iglesia en donde ya comenzaban las danzas y las palabras que abrían a estos días de gracias.

No tanto ser celebradas, sino celebrar junto con todos los que son parte de nuestra historia

“Nuestro deseo era celebrar con quienes siempre nos acompañan, no tanto ser celebradas, sino compartir la fiesta desde lo que somos como Provincia de Nazaret”, nos decía la Hna. M. Jimena Persia, una de las hermanas que integraban el equipo organizador del encuentro.

Por eso durante los dos días se ofrecían espacios de exposición permanentes para recorrer, escuchar, contemplar; como también experiencias desde Nazaret, programas alternativos en los que se compartía con las hermanas cualquier actividad: preparación de masitas, oración y canciones en el Santuario, confección de pulseras, testimonios de miembros de la Obra de Schoenstatt, de los muchachos que se recuperan de la adicción y que han sellado su alianza en el Santuario, videos, huellas de la historia en el terreno, recetas de pan casero, canciones, juegos, visitas a la iglesia y a la casa del Padre y testimonios de diferentes hermanas en los campos de la salud, la educación y en periferias como es Tartagal, localidad cercana a la frontera con Bolivia en donde se realizan misiones esporádicas para atender la salud de quienes no tienen ninguna asistencia médica,.

“Para mí todo esto ha sido como un retiro espiritual”, comentaba, con el rostro radiante, uno de los participantes.

A las 18.00 hs. nos congregó la celebración de la santa Misa en la iglesia de Dios Padre. En la explanada del templo ya estaban las imágenes de la Santísima Virgen en sus advocaciones principales de los países que comprende la Provincia de Nazaret: la Virgen de los 33, de Uruguay, la Virgen de Caacupé, de Paraguay y la Virgen de Luján, de Argentina. Antes de su inicio la Hna. Cecilia María Flecha Cosp, superiora provincial, nos dio la bienvenida. En su mensaje ofreció el marco a la celebración y nos dijo entre otras cosas:

“¿Qué es, en el fondo, ser Hermana de María de Schoenstatt? ser presencia de Ella, María. Queremos que nuestra vida sea ofrenda para que Ella siga caminando nuestro tiempo: le ofrecemos nuestros pies, para peregrinar junto a cada persona y comunidad que nos es confiada. Le ofrecemos nuestras manos, para seguir construyendo una cultura con rostro de familia. Le ofrecemos nuestro corazón, para que nadie viva a la intemperie y todos encuentren cobijamiento y arraigo”.

En un entorno muy humilde vemos este predio en donde todo es distinto, todo es bello, como es la Virgen

Monseñor Carlos José Tissera fue el celebrante principal de la santa Misa, acompañado por un abultado número de sacerdotes del Instituto y la Federación de Schoenstatt como del clero diocesano y del Movimiento de la Palabra.

En su homilía nos decía: “nuestra Diócesis de Quilmes, aquella parte de la provincia de Buenos Aires más pobre y más humilde es el lugar de gracias a donde llega gente de tantas localidades y países. En un entorno muy humilde vemos este predio en donde todo es distinto, todo es bello, como es la Virgen, que hizo de un gruta una casa llena de ternura”.

El momento del ofertorio trajo un gesto que movió el corazón de los fieles: acercaron las ofrendas los papás de hermanas que estaban presentes junto con sus hijas. Con sentidas palabras se acompañó este momento resaltando la importancia de la familia de cada vocación: su generosidad y su entrega en consonancia con la de sus hijas.

La hermosa celebración acompañada por cantos de las hermanas y de matrimonios de la zona culminó con otro gesto muy significativo. La Hna. Cecilia María encendió un cirio de la tea que ardía junto a la imagen de María en la iglesia y ofreció su fuego a las velas que portaban las hermanas y luego a toda la asamblea. De este modo se expresó el lema que marcó a la comunidad en este año “María, luz de nuestra esperanza”. Todo este mar de luz se dirigió hacia el Santuario. Allí saludamos a nuestra Reina engalanada para esa fiesta con flores multicolores y blancas azucenas.

La jornada culminó con una adoración eucarística en la iglesia acompañada por canciones del grupo “Bienaventurados”, integrado por jóvenes provenientes de distintos movimientos y parroquias de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

El domingo 13 de septiembre invadió el cielo un sol poderoso que caldeó la atmósfera y nos regaló una jornada tibia y acogedora.

Esta vez la santa Misa fue presidida por Monseñor Alejandro Giorgi, obispo auxiliar de la ciudad de Buenos Aires y Monseñor Jorge González, obispo auxiliar de La Plata, acompañados por varios sacerdotes de la Obra de Schoenstatt.

Aquellos que saben de movimientos sísmicos, buscan lugares seguros, lugares esenciales

En una iglesia colmada al máximo de participantes en donde lucían las banderas de todos los países en donde trabajan las Hermanas de María, resonaron las palabras de Monseñor Giorgi: “La primera guerra mundial generó una obra que puede expresarse como un derroche de amor por parte de Dios. ¿Y cómo derrochar tanto amor sin la Madre?… Y estas Hermanas quieren ser María en y para el mundo, mostrar al mundo cómo son las características de una Iglesia –como nos enseñó el Papa Francisco- que es cercanía, compasión y ternura. ¡Una Familia alegre y misionera!

Somos los hombres y mujeres del fin de una época que se parece a un terremoto donde todo se mueve. Quienes viven en lugares sísmicos saben qué hacer cuando se avecinan temblores, saben buscar los lugares seguros, los lugares esenciales. Nosotros somos los custodios de los lugares esenciales”.

En el ofertorio los servidores del Santuario acercaron al altar un ramo de azucenas como símbolo de gratitud a las Hermanas y por ellas a la Santísima Virgen.

Al finalizar la celebración la Hna. Cecilia María tomó las flores y las llevó a los pies de la Virgen en el Santuario. La multitud salió detrás de ella y rodeamos el Santuario para honrar a nuestra Madre. Toda la comunidad de hermanas presentes se unió en una sentida oración a la Virgen en la que daban gracias por todos los dones mediados por ella y el pedido de ser peregrinas “en salida”, presencia viva de su rostro radiante y de su amor abnegado. Entonces sí fue el momento de replicar el canto de feliz cumpleaños y repartir la torta. Pero no podían faltar los globos y en una cuenta regresiva fueron soltados 100 coloridos globos que se perdieron en un cielo azul impecable.

En el patio de comida se congregó la multitud para almorzar. Una parrilla nutrida, puestos de comida se ofrecían a todos. Espontáneamente se formaron las rondas para compartir al son de canciones folklóricas y ritmos que convocaron a la danza de quienes se sumaron al chamamé, al escondido y la chacarera.

La tarde soleada y tranquila invitaba a quedarse y postgustar todo lo vivido.

Los recuerdos vuelven a otra celebración marcante en la vida de Schoenstatt: los 25 años de sacerdocio del Padre Kentenich. En aquella oportunidad él expresó:

“Mi querida Familia de Schoenstatt, permítanme que con razón les dirija a ustedes los cánticos de gratitud que han entonado. Y que lo haga de manera agradeci¬da, gozosamente… Quiero agradecer también a los que vendrán. Porque, ¿qué será de Schoenstatt si las generaciones futuras no están colmadas y encendidas por este mismo espíritu que nos anima?… De un amor profundo y sencillo a la Santísima Virgen fue surgien¬do todo lo que hoy contemplan nuestros ojos….¿Acaso no tengo razón entonces al pedir que no se olvide a Aquélla a quien hoy debemos agradecer especialmente?”.

Estamos convencidos que hoy somos nosotros aquellos “que vendrán”. Los que fueron, los que somos y los que vendrán después de nosotros, seguiremos recordando a Aquella a quien debemos agradecer especialmente: María, luz de nuestra esperanza.

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