El sábado 5 de septiembre, la Familia de Schoenstatt en Paraguay se reunió en Tupãrenda para celebrar y agradecer los 100 años de fundación del Instituto Secular de las Hermanas de María de Schoenstatt. Bajo el lema “María, luz de nuestra esperanza”, alrededor de 400 personas provenientes de distintas ramas, grupos y diócesis del país se congregaron para celebrar un siglo de historia, entrega y misión.
La celebración comenzó a las 16:00 hs con una solemne Eucaristía de Acción de Gracias en la Iglesia Santa María de la Trinidad, presidida por el Padre Tommy Nin Mitchell y concelebrada por los Padres Óscar Saldívar, Manu López Naón, Pablo Pizani, Javier Arteaga y Reginald Ibe, junto con la presencia y el acompañamiento de los novicios.
Durante la celebración estuvieron presentes las Hermanas que actualmente viven y trabajan en Paraguay: la Hna. M. Kathia Martínez, superiora de las Hermanas en el país; la Hna. M. Candelaria Sturla, Hna. M. Georgina Noro, Hna. María Beatriz Nery Huerta Santacruz y Hna. M. Betiana Zmiak. También acompañaron este momento la Hna. Cecilia María Flecha Cosp, superiora de las Hermanas de María de la Provincia de Nazaret; la Hna. María Luz Afrontti, la Hna. María Victoria Herrera y la Hna. María Marta Luis O’hara, primera vocación paraguaya de las Hermanas de María.

Una Eucaristía para celebrar un siglo de misión
La liturgia estuvo marcada por distintos signos que expresaron la historia y la misión de las Hermanas.
La luz presentada ante el altar representó la entrega cotidiana y silenciosa de tantas Hermanas. Un cuaderno con intenciones recordó la misión de acompañar, interceder y llevar a Dios las necesidades de quienes les son confiados.
Las flores blancas representaron a las Hermanas de María paraguayas, mientras que las flores de colores evocaron a todas aquellas que pasaron por esta tierra y dejaron en ella el aroma de Schoenstatt. Junto al pan y al vino, se ofrecieron también la gratitud, la vida y el compromiso de seguir sirviendo con amor.
En su homilía, el Padre Tommy invitó a contemplar estos 100 años desde la fe y la gratitud, reconociendo la conducción de Dios, la presencia maternal de María y la entrega generosa de tantas Hermanas. El Jubileo, señaló, es también una oportunidad para renovar la esperanza y el compromiso de seguir construyendo, junto a María, una Iglesia viva, misionera y servidora.
En la oración de los fieles, la comunidad elevó especialmente sus plegarias por las Hermanas que celebran este aniversario, por todas aquellas que a lo largo de un siglo entregaron su vida al servicio de Schoenstatt y de la Iglesia, y por nuevas vocaciones para esta comunidad.
Una vida hecha de presencias
Uno de los momentos centrales de la celebración fue la reflexión compartida por la Hna. Cecilia María.
Al mirar la iglesia llena y la comunidad reunida, invitó a reconocer que “la vida de cada uno de nosotros se hace de presencias”: la presencia de Dios, la de quienes nos acompañan y también la de aquellas personas que permanecen en la memoria del corazón.
Por eso, al celebrar estos 100 años, invitó a recordar el rostro concreto de aquella Hermana que, en algún momento de la vida, regaló su luz, su escucha o su oración. En esos rostros también se hizo memoria de las pioneras, de todas las Hermanas que las precedieron y de quienes hoy continúan entregando su vida en el servicio cotidiano.
Porque, en esencia, ser Hermana de María de Schoenstatt es “hacernos presencia de Ella, presencia de María”, señaló la Hna. Cecilia María.
La Hermana también recordó con gratitud al Padre José Kentenich, quien supo reconocer en María la belleza y dignidad del alma de la mujer consagrada y dejó a las Hermanas una expresión que continúa resonando después de un siglo: “Ustedes son mi promesa al mundo”.


Un sí que permanece
La celebración continuó con una peregrinación hacia el Santuario, donde las Hermanas vivieron un momento más íntimo de oración y renovación de su consagración y compromiso con la Familia de Schoenstatt.
Allí encomendaron especialmente las vocaciones, a las Hermanas que trabajan en Paraguay y a todas las personas y comunidades que les son confiadas.
Fue también una manera de renovar aquel espíritu de entrega de las primeras Hermanas, recordado por la Hna. Cecilia María con una pregunta que sigue interpelando la misión de hoy: “¿Sangre joven, a qué te atreves?”
Frente a los desafíos del presente, las Hermanas renovaron así su deseo de seguir siendo una presencia viva de María en el mundo: ofreciendo sus pies para peregrinar junto a quienes les son confiados, sus manos para construir una cultura con rostro de familia y su corazón para que nadie viva a la intemperie y todos puedan encontrar cobijamiento y arraigo.
Una familia que celebra y agradece
La jornada culminó con un brindis frente al Salón Peregrino. La Hna. M. Kathia dio la bienvenida a todos los presentes y el Mons. Claudio Giménez realizó la bendición de los alimentos, dando paso a un momento de encuentro y celebración fraterna.
La tarde estuvo acompañada de música y de un video preparado especialmente para este Jubileo por el equipo organizador, que reunió testimonios de personas de distintas ramas y grupos del Movimiento cuyas vidas fueron significativamente acompañadas por las Hermanas.
Cada testimonio permitió volver a mirar estos 100 años como una historia escrita en rostros, vínculos, encuentros y vidas transformadas.
El cierre estuvo marcado por un momento especialmente significativo: al soplar las velas, el cielo de Tupãrenda se iluminó con fuegos artificiales, cerrando una jornada marcada por la gratitud y por la celebración de una historia que continúa transformando vidas.

Fundación Magnificat: acompañar una misión
En Paraguay, la Fundación Magnificat tiene como principal objetivo acompañar la misión de las Hermanas de María de Schoenstatt, colaborando para que esta obra pueda seguir creciendo y dando frutos.
En el marco de este centenario, la Fundación Magnificat estuvo a cargo de la organización de la celebración, contando con la colaboración de representantes de las distintas ramas y estamentos de la Familia de Schoenstatt en Paraguay. Así, la jornada fue también una expresión concreta de una misión que se construye juntos y de una comunidad que reconoce, agradece y celebra una historia que le pertenece.
A cien años de aquel primer sí, renovamos también nosotros el compromiso de acompañar esta misión y de seguir construyendo juntos aquello que Dios, a través de María, quiera hacer surgir en nuestra tierra.
Hacia un nuevo siglo
Celebrar 100 años no significa solamente mirar hacia atrás. Es también reconocer una historia recibida y preguntarse qué estamos llamados a construir a partir de ella.
La historia de las Hermanas de María de Schoenstatt continúa en cada vocación, en cada comunidad, en cada persona que se deja acompañar y en cada corazón dispuesto a responder al llamado de Dios.
Desde Paraguay, la Familia de Schoenstatt agradece por este siglo de presencia, entrega y misión, y confía el futuro en manos de María.
Porque, como expresó la Hna. Cecilia María al finalizar sus palabras, “nos adentramos en un nuevo siglo, con la certeza de que nuestro futuro tiene un rostro, y ese rostro es María.”
¡Feliz 100 años de historia, entrega, fidelidad y misión, Hermanas!


