Hace poco más de un año como Juventud Masculina de Schoenstatt (JM) de Guayaquil, Ecuador, vivimos un acontecimiento desafortunado: desapareció nuestra bandera de manera misteriosa.
Algunos meses después, tuvimos un encuentro con el P. Eduardo Auza, ex asesor de la JM. En esa ocasión nos contó que generaciones anteriores de la Juventud Masculina de Guayaquil habían peregrinado al Chimborazo, donde se encuentra una ermita de la Mater de Schoenstatt —según nos han dicho— la más alta del mundo, conquistada por ellos mismos. Fue entonces cuando surgió en nosotros la convicción de que la Mater nos invitaba a repetir el gesto de las generaciones pasadas.
El Chimborazo es un volcán inactivo en el Ecuador, su cima se encuentra 2.072 metros más lejos del centro de la Tierra, lo que lo convierte en el punto más cercano al cielo de todo el planeta. Los refugios del volcán Chimborazo son dos estaciones ubicadas en la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo: el Refugio Hermanos Carrel (4.845 msnm), al que se llega en vehículo, y el Refugio Whymper (5.042 msnm), el cual requiere una caminata de una hora desde el primer punto.


Una ermita en lo alto de la montaña
La imagen de la MTA se encontraba en el refugio Whymper. Lamentablemente, desde hace algunos años este refugio mantiene un limitado acceso al público, por lo que no es posible visitar a la Mater en las alturas del Chimborazo.
Con una mirada providencialista y convencidos de que María nos llamaba a dar este paso, la respuesta fue clara: ¡Sí, Mater!
Comenzamos entonces a preparar nuestra peregrinación al Chimborazo, el punto de la tierra más cercano al sol, con un doble propósito; por un lado, queríamos reconquistar la bandera perdida, renovando no sólo el estandarte material, sino también profundizando en el ideal que representa: Sí Mater, Luz de Cristo, Tabor del mundo. Por otro lado, deseábamos facilitar que más personas pudieran visitar a la Mater, por lo que trasladaríamos la imagen del segundo al primer refugio, el más visitado por turistas y aventureros.
A pesar del frío, los corazones ardían
Con estos anhelos, y tras meses de preparación, nos pusimos en camino. Los universitarios, junto con algunos pioneros mayores, iniciamos esta aventura. Avanzamos hasta Pallatanga, donde vivimos una jornada de encuentro, oración y profundización en el ideal de la juventud, mirando hacia el futuro y renovando nuestro compromiso de ser fieles a esta invitación de Dios.
A las 5 AM del domingo 7 de junio sonaron las alarmas. Viajamos durante poco más de dos horas hasta la reserva natural. Allí nos recibió, majestuoso, el Chimborazo, el volcán más alto del Ecuador; aunque no tuvimos tiempo para aclimatarnos, el corazón estaba decidido.
Comenzamos el ascenso y pronto sentimos la escasez de oxígeno. A algunos la altura les pasó factura, pero, con paso lento y firme, continuamos avanzando. La Mater caminaba a nuestro lado y la nueva bandera nos recordaba que vale la pena luchar por nuestros ideales. Cada paso era una ofrenda silenciosa al Capital de Gracias.


Una Alianza de gran altura
Al llegar a los más de 5mil msnm, la temperatura descendió, pero los corazones ardían. Cantamos, alentamos a quienes venían más rezagados y celebramos la misa más alta de nuestras vidas. A la Eucaristía se unieron visitantes provenientes de distintos lugares, recordándonos que la Alianza es para todos. Fue un Corpus Christi diferente, pero profundamente significativo. Jesús se hacía presente en medio de la montaña; así como acompañó a sus discípulos en el Tabor, también caminaba con nosotros, animándonos a seguir adelante, a perseverar en la lucha y a dar testimonio de nuestra fe y de nuestro amor a María.
Después de la misa entramos al Refugio Whymper y renovamos nuestra Alianza de Amor ante la imagen llevada hasta allí por nuestros predecesores. Nuestra misión era acercar a la Mater a quienes llegan desde diferentes latitudes, por eso trasladamos la imagen al primer refugio, Hermanos Carrel, para que más personas puedan visitarla y encontrarse con ella.
Si bien no se trató de una gran hazaña ni de un desafío extraordinario, ofrecimos este pequeño esfuerzo y todo el camino recorrido para que la bandera de nuestros ideales vuelva a flamear, no sólo en las alturas de los Andes, sino también en nuestra vida cotidiana.



