
No partimos solos. Esa fue la primera certeza que acompañó cada uno de nuestros pasos. La peregrinación “Con la Hna. Emilie, peregrinos de esperanza”, vivida por integrantes del Proyecto Emilie, de Chile, en pleno Año Santo de 2025, no fue solo un itinerario geográfico, sino una vivencia profunda y compartida, sostenida por la oración de muchos y orientada a un deseo profundo: dar gracias por la vida de la Hna. M. Emilie Engel y pedir, como Iglesia, su pronta beatificación. Por eso queremos compartirla en estos días que celebramos y damos gracias por su nacimiento (6 febrero) y su reconocimiento como hija de Dios, que marca tanto su vida (bautismo, 8 febrero).
Como @proyectoemilie, tuvimos la gracia de participar en la primera peregrinación organizada en torno a la vida y testimonio de Emilie. Lo hicimos sabiendo que este camino no se cierra aquí, sino que queda abierto a futuras peregrinaciones, físicas y espirituales, para quienes quieran conocerla, confiarle sus intenciones y dejarse tocar por su testimonio. Como peregrinos de esperanza, recorrimos algunos de los hitos más significativos de su vida y de su misión, allí donde su fe se hizo vida a través de su entrega confiada.
El punto de partida
Nuestro camino comenzó en Schoenstatt, el hogar, la tierra de Alianza. Partimos, claro, con la visita al Santuario Original, lugar del primer “sí” que transformó tantas vidas, entre ellas la de Emilie. Recorrimos la tumba de los héroes, la Casa del Padre Kentenich, Marienau, la Iglesia de la Adoración y Tumba del Padre, entre otros lugares… y, de un modo muy especial, Sonneck, donde Emilie vivió su convalecencia luego de sus años de enfermedad y operaciones por la tuberculosis. En su pequeña habitación, contigua a la capilla, comprendimos que su fragilidad no fue estéril: desde allí se convirtió en consuelo, en faro silencioso y en escuela viva de confianza en la Divina Providencia.

Desde Schoenstatt peregrinamos a Husten, el pueblo donde nació y fue bautizada. Pudimos estar en su casa familiar, tal como la hemos conocido en fotos del libro “Mi Sí es para siempre”, y compartir con su familia. Nos recibió Michael Engel, sobrino-bisnieto de Emilie, y su madre Helena, viuda del sobrino-nieto de Emilie. Poco después fuimos a la parroquia que marcó su infancia. Allí descubrimos el origen de una fidelidad cotidiana, aprendida en lo pequeño. En la capilla del Sagrado Corazón, que tiene una reliquia de Emilie, un frontal regalado y bordado por ella con la inscripción —“Corazón de Jesús, a ti fidelidad eterna”—. Finalizamos este recorrido en la parroquia San Clemente, en Drolshagen donde fue bautizada, allí renovamos nuestra alianza bautismal.
El culmen de una vida entregada al Señor
El camino nos llevó luego a Metternich, lugar de sus últimos años y donde fue llamada al encuentro definitivo con el Padre. Allí, junto a su tumba, depositamos las intenciones que muchos nos habían confiado. Fue un momento profundamente conmovedor. Ese espacio, marcado por la cruz y la esperanza, se nos reveló como un verdadero altar de intercesión. Emilie, aún desde la enfermedad y la inmovilidad, sigue siendo para la Iglesia un apóstol de la confianza filial, una mujer que conduce a los hijos hacia el Padre. En todos estos lugares redescubrimos que su santidad no nació de gestos extraordinarios, sino de una entrega constante y silenciosa.
Con las Hermanas de María nos reunimos en Schulungheim para celebrar sus 100 años de Alianza y antes de partir algunos peregrinos hicieron su Alianza de Amor y los demás la renovamos en el Santuario Original, unidos a nuestro Padre Fundador y de la mano de Emilie.
En Roma, una mirada al futuro
Siguiendo sus huellas, y como ella lo hizo en dos ocasiones, peregrinamos a Roma. No llegamos como turistas, sino como hijos que caminan hacia el corazón visible de la Iglesia. Cruzamos las Puertas Santas y rezamos, pidiendo por la Iglesia, por el Papa y, de modo muy particular, por el milagro necesario para la beatificación de la Hermana Emilie, como un verdadero regalo para nuestro tiempo.

Visitamos también los Santuarios de Schoenstatt en Roma, el Cor Ecclesiae y el Matri Ecclesiae, reconociendo en ellos el anhelo del Padre Kentenich y el lugar de María como corazón de la Iglesia. Allí volvimos a confiarle a Emilie nuestro profundo deseo: que muchos más puedan conocerla, dejarse tocar por su historia y experimentar su intercesión.
Este relato se escribe en días especialmente significativos. Al recordar su cumpleaños, el 6 de febrero, y su bautismo, el 8 de febrero, nos confiamos en particular en su cercanía espiritual. Creemos que no son fechas aisladas, sino días de gracia. Un regalo para actualizar y celebrar su testimonio. En estos días compartimos y renovamos nuestra confianza en su intercesión y nuestra convicción de que Emilie es una luz de esperanza para la Iglesia de hoy.
Por eso existe el Proyecto Emilie. No solo para conservar una memoria, sino para darla a conocer, para invitar a otros a rezar, a pedir, a agradecer, y a dejarse educar por su fe práctica y confiada. Queremos invitar a todos los que sienten cercanía con su testimonio a sumarse: rezando por su beatificación, compartiendo su historia, confiándole sus intenciones y caminando, junto a ella, como peregrinos de esperanza… y prontamente a celebrar su beatificación.
Este primer peregrinar no es un punto final. Es un comienzo. Con Emilie, seguimos adelante.
Más informaciones en: instagram.com/proyectoemilie/


