“Un sueño audaz”: una obra de teatro musical para celebrar la historia de las Hermanas de María

Silvia Bohórquez

En Guayaquil, Ecuador, el pasado 26 de septiembre, se presentó, en doble función, la Obra de Teatro Musical “Un Sueño Audaz”: idea creativa de la Hna. M. Leticia Álvarez; contenido de la Hna. María Auxiliadora Bohórquez; libreto de Silvia Bohórquez; dirección y producción de José Miguel Salem (Danzas Jazz); y logística escénica a cargo de Jenny Alvear.

De esta manera, se logró que la historia se volviera palabra; que la palabra se volviera escena, música, danza y teatro… y que todo ello resonara en el alma, la mente y el corazón. El público asistente destacó no solo la calidad profesional de la puesta en escena, sino también su fidelidad a la historia de las Hermanas de María de Schoenstatt.

Cien años en un guion lleno de emoción

A medida que se acercaba el centenario de las Hermanas de María, esta obra quiso destacar que, detrás de cada etapa, cada país, cada dificultad y cada conquista, aparece una misma realidad: un Sueño Audaz de Dios, que encontró corazones capaces de decirle que sí.

Ese sueño tuvo un hombre que supo reconocerlo y confiar en él: el Padre José Kentenich. No soñó solamente con una comunidad de mujeres consagradas. Soñó con mujeres que, en Alianza con María, fueran instrumentos para llevar a Cristo al mundo y colaborar en la transformación de la Iglesia y de la sociedad.

La Mater aparece como Madre que inspira, educa, conduce, acoge, convoca y envía a cantar su Magníficat por doquier. El Santuario se convierte en hogar y taller donde se aprende a vivir con Dios, para llevar después esa vida al mundo.

Quizás por eso, la historia de las Hermanas de María no puede entenderse solamente desde los grandes acontecimientos, sino desde miles de pequeños sí: dejar una patria, comenzar en un lugar desconocido, servir donde hacía falta, permanecer fiel en tiempos difíciles, construir hogar, acompañar una vida, sostener una esperanza.

Y eso es lo que, cien años después, más nos interpela y conmueve: la historia no terminó. El sueño sigue teniendo rostro, nombre y vida. Sigue caminando por nuestras calles, entrando en nuestros hogares, sirviendo, escuchando, educando y acompañando… en cada vocación de Hermana de María.

Mirar hacia el pasado llevando también sueños hacia el futuro

Estos cien años no son solamente celebración de lo que las Hermanas han hecho, sino también de lo que su vocación sigue regalando a tantos, y a todos.

Que este Sueño Audaz siga encontrando, en cada generación, corazones que lo hagan suyo y se atrevan a convertirlo nuevamente en realidad: en la entrega cotidiana, en la misión de llevar a María al mundo y también en nuevas vocaciones que quieran entregar su vida a esta hermosa comunidad.

Porque eso alegra al Padre Fundador y a la Santísima Trinidad: que el Sueño Audaz no permanezca como recuerdo, sino que siga encontrando corazones que lo hagan suyo, lo encarnen y lo conviertan, una vez más, en una realidad consagrada, al servicio de todo el Plan de Dios.

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