Estamos en Cuaresma, un tiempo privilegiado de penitencia y renovación interior. Entre las prácticas espirituales de este período, el Vía Crucis destaca en todo el mundo. Con ella, acompañamos a Jesús desde su condena hasta la Pascua, pasando por el sacrificio de la cruz.
Rezar el Vía Crucis puede interpretarse, en ocasiones, como un gesto únicamente piadoso e incluso individualista. Pero eso no es cierto: ¡tiene un impacto en la sociedad! Concretamente, podemos recuperar el ejemplo del Venerable Diácono João Luiz Pozzobon. Él demostró que el Vía Crucis está vinculado a la transformación del mundo, no solo en el sentido espiritual, sino también en el social.


João Pozzobon y el Vía Crucis
A Pozzobon se le recuerda normalmente por rezar diariamente sus 15 rosarios. Pero quizá no todos saben que también meditaba diariamente sobre las estaciones del Vía Crucis.
Después de participar en la misa en el Santuario Tabor, regresaba a casa rezando el Vía Crucis durante un recorrido de 1 km. Cuando viajaba con la Virgen Peregrina, rezaba el Vía Crucis junto con las primeras oraciones de su día.
«Siempre que salía a pasear por el campo, tenía presente el gran sufrimiento de Cristo, que cargó con la cruz y lo hizo por amor a todos nosotros. También quería incluirme en ello, dando mi pequeña contribución, cooperando en su sacrificio…» [1]

El Vía Crucis y el desafío social
Cuando João Pozzobon hablaba del Vía Crucis, señalaba dos aspectos importantes:
- Unir los propios sufrimientos a los de Cristo,
- Contemplar también, en el Vía Crucis, el sufrimiento de los hermanos.
Con este pensamiento y siempre con el objetivo de acercar a las personas al camino de la santidad, se comprometió con un proyecto especial al final de su vida.
Su último gran proyecto: social y piadoso
La Villa Noble de la Caridad era el lugar donde, junto con la comunidad necesitada, se construían pequeñas casas para quienes necesitaban un hogar digno. Como su último «gran proyecto», Pozzobon ideó la creación de un Vía Crucis que iba desde el Santuario Tabor hasta la Villa Noble de la Caridad.
El Vía Crucis recibió de él el nombre de «Camino de la vida».
«(…) El «Camino de la vida» es sentir al otro, sentir lo que él siente. El Vía Crucis hacia la «Villa Noble» es fruto del gran Apostolado (de la Virgen Peregrina) y de lo que la Iglesia considera su objetivo: orientarse hacia los humildes. Me parece que el Vía Crucis en dirección a la «Villa» tiene más sentido; nos lleva a encontrar la palabra de Cristo: «Bienaventurados los humildes». [2]

Él acompañó la creación de cada pieza
Quienes llegan a Santa María, en el sur de Brasil, para peregrinar al Santuario Tabor, suelen pasar por estas estaciones, que se han dado a conocer como el «Vía Crucis de Don João».
Pozzobon planificó y acompañó la fabricación de cada una de las estaciones. Sin embargo, no pudo participar en su colocación, que se realizó solo después de su muerte.
Durante la creación del Vía Crucis, se cuestionó el recorrido debido a la distancia. Entonces surgió la propuesta de terminarla en la casa de Don João, ya que esto facilitaría la participación de las personas. Pozzobon, sin embargo, mantuvo su idea original y pidió que se colocara hasta Villa Noble, ya que el sentido del Vía Crucis también consiste en meditar sobre el sufrimiento del hermano que padece, especialmente el de los pobres. Y así se hizo.
«Empecé a valorar el Vía Crucis en 1955, al colocar las estaciones en la Villa Noble de la Caridad para rezarla una vez al mes. Entonces comprendí el sentido del Vía Crucis, los sufrimientos de Cristo y los de los hermanos».[3]
¿Qué nos enseña el amor de João Pozzobon por el Vía Crucis?
Referencias [1], [2] y [3]: URIBURU, J. Esteban. Héroe hoy, no mañana: vida del pobre peregrino y diácono João Luiz Pozzobon. Santa Maria/RS: Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt, 1991. Pág. 81 y 82.
Traducción: Hna. M. Lourdes Macías


