Día de oración por las vocaciones: «Prueba y verás qué bueno es el Señor» (Sal 34,9)

P. Léonce Ntakirutimana

Como Familia Internacional de Schoenstatt, dedicamos el primer jueves de cada mes como Día de Oración por las Vocaciones. Este mes de febrero escucharemos el testimonio vocacional del P. Léonce Ntakirutimana, quien forma parte del Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt y actualmente es maestro de novicios en Burundi. El P. Léonce acompaña a los jóvenes seminaristas durante este período de formación y nos comparte la historia de cómo descubrió su vocación.

Las raíces de mi vocación

Desde mi más tierna infancia, crecí en una familia cristiana en la que la fe de mis padres ocupaba un lugar central. Nací en una familia de siete hijos; soy el cuarto y el primer varón. Mis padres siguen vivos. Soy originario de la parroquia de Muramvya, en la archidiócesis de Bujumbura, en Burundi.

La oración en la familia y en la Iglesia, el acompañamiento espiritual, la conciencia de mí mismo y los encuentros personales con Dios en las alegrías y pruebas de mi vida, así como en los sacramentos, son elementos que me han permitido crecer en el amor a Dios y al prójimo. Siento un profundo deseo de compartir este amor con los demás.

Ante el dilema de la elección

Al final de mis estudios escolares, aunque me sentía realizado en mi vida como joven cristiano, surgió un dilema: ¿ir a la universidad o entrar en el seminario para ser sacerdote? Estas eran las preguntas que me atormentaban y para las que no encontraba una respuesta clara de inmediato.

Dejé el instituto sin saber cuál debía ser la orientación de mi vida. Sin embargo, nunca dejé de rezar a Dios para que me mostrara el camino.

Recuerdo que un día, al final de mis estudios, el rector nos llamó uno por uno para preguntarnos si estábamos interesados en continuar en el seminario. Hasta entonces, había estado estudiando en un instituto diocesano. Mi respuesta ya estaba formulada: «Tenía que ir a la universidad y, si Dios quería que fuera sacerdote, allí me encontraría». Pero en lugar de eso, dije que había escrito una carta al director vocacional para solicitar mi admisión en los Padres de Schoenstatt. Sinceramente, a pesar de esta carta, seguía sintiendo una fuerte resistencia; todavía me sentía abrumado por las opciones.

La alegría al descubrir mi vocación

En agosto de 2007, Dios decidió revelarme suavemente los designios de su amor. ¿Cómo sucedió realmente?

Después de terminar la escuela, me mudé con mi padre, que estaba construyendo una casa en la ciudad. Durante el día, trabajaba para ahorrar un poco de dinero, ya que el deseo de ir a la universidad parecía superar al de ir al seminario. Todas las noches dormía con mi padre en la obra. Mi padre escuchaba Radio María (una emisora de radio católica) toda la noche y eso no me molestaba.

Pero un día, ¡todo cambió! Me desperté en mitad de la noche al oír unas voces suaves que cantaban el Magnificat. De repente, una inmensa alegría invadió mi corazón y decidí ir a ver al director vocacional para saludarle.

Al día siguiente, partí y recorrí los nueve kilómetros a pie. Antes de entrar en la Casa de los Padres de Schoenstatt, medité en el Santuario para saludar a mi querida Madre, la Virgen María. Inmediatamente después, mientras me dirigía hacia la sala de visitas, vi al director de Vocaciones, quien me recibió con una amable sonrisa. Me saludó cordialmente y me entregó mi carta de admisión, explicándome que no sabía cómo enviármela, por lo que mi presencia allí era providencial. A partir de ese momento, el conflicto interior se alivió y volvió la alegría que había sentido el día anterior. ¡Era el descubrimiento de mi vocación! A través de María, Dios vino a confirmar mi llamada a Sión, a la comunidad de los Padres de Schoenstatt.

Dos meses más tarde ingresé en el seminario y, después de once años de formación, me ordené sacerdote. Aún hoy sigo sintiendo la presencia misericordiosa de Dios y de nuestra Madre en mi vida, tanto en los momentos de consuelo como en los de desesperación.

En resumen, hablar de vocación es querer expresar que, en la elección que alguien hace sobre su vida, en lo que decide hacer con ella, hay algo que trasciende su propia persona, sus gustos inmediatos y sus búsquedas individuales. La vocación es una llamada que viene de otro lugar. Es una llamada que da vida, ayuda a crecer y abre a la alegría.

¿Cuáles son los signos de que uno ha encontrado su vocación?

Una profunda paz interior y una alegría que Dios nos ofrece a través de la oración sincera y perseverante son signos innegables de ello. El amor es otro que lleva a comprometerse con la misión de Cristo: servir a los demás, especialmente a los más pobres.

A los jóvenes en formación o a quienes deseen discernir la voluntad de Dios, el P. Kentenich sugiere algunas prácticas: una vida de oración diaria regular, la recepción de los sacramentos, el cumplimiento de sus deberes diarios y la cultura de la alianza de amor con María.

¡Nada sin Ti!

P. Léonce NTAKIRUTIMANA
Comunidad de los Padres de Schoenstatt
Monte Sión Gikungu-Bujumbura/Burundi

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