«Vacíate de ti mismo, llénate de Dios, y sube escalón por escalón»
(Santidad de la vida diaria)
Con la llegada de un año nuevo, es común que hagamos balance y anotemos metas para los meses que comienzan. El cambio en el calendario civil nos invita, casi de forma natural, a repensar la vida, los proyectos y los objetivos que tenemos por delante.
¿Tú también sueles hacer este ejercicio? ¿Te has parado a escribir tus metas y a pensar en los caminos concretos para alcanzarlas?
Inspirados por el libro “Santidad de la vida diaria” (Werktagsheiligkeit), escrito por el P. José Kentenich y la Hna. M. Annette Nailis, hemos reunido algunas ideas que pueden iluminar nuestras resoluciones para el año nuevo, integrando la fe, la vida diaria y la misión.

Mundo espiritual
El punto de partida para una buena planificación está en la unión con Dios. Es a partir de ella que toda la vida encuentra su propósito.
La oración y la mortificación (los sacrificios hechos por amor) se indican como caminos privilegiados para esta aproximación. Pero, ¿cómo traducirlos en gestos concretos en la vida diaria? El P. Kentenich señala algunos puntos que pueden ayudarnos en este camino.
1) Alejarse del pecado
Este primer aspecto tiene un impacto directo en muchas otras metas. En diversas situaciones, es el pecado lo que nos aleja de los objetivos que deseamos alcanzar. La gula y la pereza, por ejemplo, dificultan el cuidado de la salud; el uso excesivo de las redes sociales roba un tiempo precioso a la convivencia familiar.
«El amor nos impulsa a la acción», afirma el P. Kentenich, porque «siempre busca lo que causa placer a la persona amada y evita lo que le desagrada».
De este modo, alejarse del pecado es, al mismo tiempo, una meta y un camino para el año nuevo. Aquí, el Horario Espiritual puede ayudar a identificar puntos concretos de cambio que favorezcan este alejamiento.
2) Asemejarse a Dios
Otro elemento central presentado por nuestro Padre y Fundador es el esfuerzo constante por asemejarse a Dios. «Hasta la última fibra, el cristiano está vinculado a la voluntad de Dios… por amor. Y cuanto más avanza en su empeño, con mayor claridad se destaca esta característica».
Dentro de los objetivos del año, podemos pensar en una característica de Dios que queremos mejorar, como: ternura, misericordia, paternidad, mansedumbre, etc. Y poner en el Horario Espiritual los propósitos concretos para ello.
3) La aspiración al heroísmo
El tercer punto se refiere a la actitud interior con la que vivimos nuestros objetivos. Al comienzo del año, la motivación suele ser grande, pero con el paso del tiempo, el entusiasmo puede disminuir. En esos momentos, el P. Kentenich nos invita a volver la mirada hacia la Santísima Virgen, hacia la vida de los santos y hacia los héroes de Schoenstatt.
Ahí es donde entran en juego la disciplina y el espíritu heroico.
«Solo un gran amor a Dios puede generar esta fuerza motriz y determinar la intensidad de esta lucha y aspiración heroica en la vida diaria».

Mundo profesional
La santidad de la vida diaria también ofrece reflexiones profundas para la vida profesional y para las diversas actividades que componen nuestra vida diaria.
Coherencia de vida
Un aspecto muy destacado es la coherencia, que el P. Kentenich llama «vinculación armoniosa». La fe vivida el domingo debe extenderse al resto de los días de la semana.
No tiene sentido asumir principios cristianos dentro de la Iglesia y, fuera de ella, adoptar actitudes contrarias a lo que Cristo y la Iglesia enseñan. Esta vinculación armoniosa también está relacionada con el equilibrio: saber dosificar el tiempo dedicado al trabajo y el tiempo de descanso, convivencia y vida familiar.
Dar lo mejor de uno mismo en el trabajo
Según el P. Kentenich, la vinculación al trabajo debe ser «elevada, constante y afectuosa». En otras palabras, realizar cada tarea «con todo el corazón».
Para nuestro fundador, los trabajos que realizamos nos han sido confiados por Dios, por medio de la Divina Providencia. Por eso, no deben realizarse según nuestros caprichos, sino con dedicación, amor y disponibilidad interior:
«La santa voluntad de Dios está comprometida en la realización de esta tarea. Por eso, mientras Dios lo desee, exige toda su atención y el máximo despliegue de su fuerza creadora para que, tanto interior como exteriormente, se realice con perfección, es decir, con íntimo amor a Dios y por causa de Dios, y sea un tributo de alabanza y gloria al Padre celestial».
El P. Kentenich también recuerda que la santidad pasa por la fidelidad a las cosas pequeñas:
«Si el trabajo es desagradable, él [el cristiano] no huye ni se esconde. Tampoco lo deja para el último momento. «Sanctus est, qui sancte vivit». Santo no es quien vive de sueños y fantasías, sino quien vive de verdad santamente, quien busca imprimir en todas sus obras el sello de la perfección interna y externa».

Relaciones personales
El vínculo con el prójimo es quizás uno de los campos más desafiantes de la vida. También aquí, el P. Kentenich nos orienta a asemejarnos a Cristo y a amar en la medida de la entrega total.
Esto se aplica tanto a las relaciones con los superiores —padres, maestros, jefes de trabajo, etc.— como con aquellos que nos han sido confiados, como hijos, alumnos, hermanos de grupo/comunidad, esposo(a) o empleados.
«El cristiano de hoy conoce el arte de santificar todas sus relaciones y transformarlas en un oficio divino. A la luz de la fe, sabe que Dios le habla a través de sus superiores, que quiere guiarlo y santificarlo a través de ellos».
«En sus relaciones con los demás, siempre muestra un gran respeto, porque sabe reconocer y honrar a Dios en las personas, particularmente en los superiores».
«El respeto acompaña al cristiano en todas partes, también en sus relaciones con sus semejantes, sean quienes sean».
«También como superior, en las relaciones con los subordinados, el cristiano procede siempre con el mayor respeto. Sabe que, en su calidad de superior, debe ser imagen del Padre celestial que, en su paternidad creadora, todo lo hace con amor, por amor y para el amor».
Consejos finales
Para concluir, algunas orientaciones prácticas pueden ayudar a dar pasos concretos hacia las metas del año nuevo:
- Elegir pocos objetivos, claros y alcanzables;
- Definir un plan concreto para alcanzarlas: el «cómo».
- Involucrar a personas que puedan apoyar y acompañar este proceso;
- Ofrecer todo como contribución al Capital de Gracias, ofreciendo esfuerzos, caídas y nuevos comienzos.
Así, paso a paso, la santidad deja de ser un ideal lejano y se convierte en un camino posible, vivido en el día a día.
