«Si tuviera que volver a decidirme, optaría por la misma elección»

Karen Bueno

La Sra. María Fischer es originaria de un pequeño pueblo cerca de Oberkirch (Alemania, estado de Baden-Württemberg). Hace años, se enfrentó a una pregunta crucial que afecta la vida de todo ser humano: ¿cuál es mi vocación? ¿Qué camino ha soñado Dios para mi vida?

Al escuchar este llamado en lo más profundo de su corazón, optó por la vida consagrada e ingresó en la comunidad de las Señoras de Schoenstatt. «Gracias a mi participación en la Juventud Rural Católica, conocí a jóvenes que vivían su fe con convicción. Muchas de las amistades que hice durante aquellos años siguen existiendo hoy en día. En algún momento me di cuenta de que todos ellos pertenecían a la Juventud del Movimiento de Schoenstatt. A través de ellos fui encontrando un acceso cada vez más personal a la Alianza de Amor con la Santísima Virgen en el Santuario».

Hace unos meses, María Fischer fue elegida Superiora General del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt. En este Día de la Vida Consagrada, que se celebra el 2 de febrero, nos ofrece más detalles sobre su trayectoria vocacional y la belleza de una vida totalmente entregada al Señor.


Vocación y Decisión

¿Cómo percibió el llamado de Dios a la vida consagrada y qué la movió específicamente a decir «sí» a esta vocación?

Para mí, el encuentro con el Señor en la Eucaristía es una experiencia muy profunda y personal. El deseo de vivir siguiendo a Jesús se había despertado en mí a muy temprana edad. Estaba buscando. Había conocido Schoenstatt. Al mismo tiempo, conocí la espiritualidad de Charles de Foucauld. También podía imaginar una vida de «Hermanita de Jesús».

Fue durante esta época cuando se construyó el Santuario de las Vocaciones en Friburgo y, a través de relaciones personales, entré en un profundo contacto con el proceso de crecimiento y construcción de este Santuario. Por aquel entonces, alguien me llevó a la bendición de la piedra fundamental, que tuvo lugar durante la “Jornada de los Católicos” de 1978 en Friburgo. Poco a poco me di cuenta de cuánto mi vocación personal estaba vinculada a Schoenstatt. Así pude decidirme por Schoenstatt en ocasión de la colocación de la piedra fundamental del Santuario de las Vocaciones. Rápidamente tuve claro que sería una vida de seguimiento a Jesús en medio del mundo. Decidí vivir como una Señora de Schoenstatt. Hasta el día de hoy, es un regalo especial para mí que mi oración personal por la vocación esté «amurallada» junto con otras en los muros de este Santuario.

La vida consagrada en la vida cotidiana

¿Cómo se expresa la vida consagrada en su vida cotidiana: en las pequeñas decisiones, en el trabajo, en las relaciones y en la oración?

Visto desde fuera, como Señora de Schoenstatt vivo oculta en medio del mundo esta vida de seguimiento de Cristo en los consejos evangélicos de pobreza, castidad consagrada y obediencia.

Mi vida profesional, mis relaciones personales y mis amistades… todo está marcado por este estilo de vida. En mi trabajo como asistente parroquial, siempre me costó mantener una rutina diaria regular. Necesité de gran determinación para que la relación con Dios no se convirtiera en algo secundario. Como comunidad, si es posible, participamos en la Santa Misa todos los días, ya sea en persona o de forma digital. Nuestra vocación se nutre de nuestra participación en la Eucaristía. Necesitamos cultivar momentos diarios de oración. Estos momentos nos ayudan a entrar en una vida de intimidad cotidiana con Dios. Todos nuestros caminos, actividades y encuentros deben estar impregnados de nuestra entrega y de nuestra voluntad de recorrer este camino con Jesús.

A menudo, esto no es posible sin hacer renuncias concretas. Es aquí donde el tema de la «pobreza» se vuelve concreto. Gran parte de mi «tiempo libre» pertenece al Señor.

Vinculación a María y el carisma de Schoenstatt

¿Hasta qué punto el carisma de Schoenstatt y la vinculación con la Santísima Virgen María caracterizan su identidad como consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo?

Para mí, la alianza de amor con la Santísima Virgen María, renovada diariamente en el Santuario, es la fuente que me alimenta, me fortalece y me inspira en mi servicio a la gente. De María puedo aprender, una y otra vez, cómo vivir mi seguimiento de Cristo en medio del mundo. Ella misma lo vivió en su pequeña vida cotidiana en Nazaret. Ella acompañó a Jesús hasta el final. Estuvo a su lado fielmente en todas las fases de su vida.

Para mí personalmente, la visita de María a Isabel tiene un significado especial. Ella está «en camino» en la alegría del Magníficat. Así es también como veo mi vocación: sé que he sido enviada por María desde el Santuario a las personas, siempre con la promesa de Dios en mi corazón de llevar su caridad, su misericordia, su bondad y su amor a los hombres.

Desafíos y alegrías de la vocación

En su opinión, ¿cuáles son hoy los mayores desafíos de la vida consagrada y qué alegrías confirman día a día la belleza de esta decisión?

Vivimos nuestra vocación «solas» en medio del mundo. Eso es un desafío. Corremos el riesgo de sentirnos solitarias. Por eso es tan importante cultivar a diario nuestra amistad con Jesucristo y su Madre. Si perdemos el contacto con esta fuente interior de fuerza, nuestra vida se convierte en algo más que superficial. Se vuelve vacía y pierde su significado profundo. Es igual de importante que cultivemos nuestro vínculo con las personas, con nuestra comunidad. Las necesitamos para mantener los pies en la tierra. Por eso cultivamos regularmente los contactos y las relaciones en nuestra comunidad: nos reunimos en encuentros, tenemos momentos de renovación espiritual, celebramos juntas la liturgia y las fiestas de la vida. Igual de importante es no descuidar el contacto con nuestra familia personal y mantener vivas las amistades en nuestra profesión y en nuestro apostolado.

En la vida de una Señora de Schoenstatt, como en toda vida humana, hay muchas alegrías. Buena parte de nuestra contemplación diaria consiste en descubrirlas con fe en la Providencia y dar gracias por ellas.
La vocación de ser Señora de Schoenstatt nos hace partícipes de la dignidad y la belleza de María en su vocación. Podemos vivir en esta conciencia. Nos ayuda a calibrar correctamente las dificultades a las que nos enfrentamos cada día y a decirles sí.

Testimonio y mensaje a los jóvenes

¿Qué mensaje daría a los jóvenes que no están seguros de su vocación o que se preguntan por el sentido de una vida dedicada enteramente a Dios?

Desde mi propia experiencia cuando adolescente, me gustaría decir:
Tengan el valor de escuchar la voz del Señor y de su Madre en su corazón y síganla. Se trata siempre de la cuestión de la vocación personal: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Una vocación al matrimonio? ¿Una vocación a una comunidad religiosa? ¿Una vocación al sacerdocio? ¿O a otra vocación eclesiástica?
También la decisión de qué carrera empiezo, qué formación, etc. Todo es un llamado de Dios. Se me invita a reconocer mi propio camino personal y a seguirlo.
No puede hacerlo solo.
Es importante tener compañeros y compañeras a quienes les importe la fe vivida. Y es bueno tener a alguien a mi lado, un guía espiritual, que ya tenga experiencia en este camino y pueda acompañarme en mis búsquedas y cuestionamientos.

¿Cuál es el sentido de mi vida consagrada a Dios?

Es una vida de entrega: por las personas, por el mundo. No se trata del éxito. Se trata de la simple presencia del Señor y de su Madre en mi vida. Y a través de mí Él está presente en el lugar donde trabajo y con las personas con las que convivo y de las que soy responsable. También lo hace en mis carencias, en mis fracasos, en mi impotencia ante tanta necesidad y miseria a las que me enfrento cada día.
Se necesita esta fe profunda en la realidad de lo sobrenatural en nuestro mundo y en nuestro tiempo. De lo contrario, esta vida no tiene sentido.

Han pasado más de 50 años desde que me decidí por este camino de seguimiento a Jesucristo. Ha habido muchos desafíos, decepciones y crisis a lo largo del camino.
Pero hasta el día de hoy puedo decir con un corazón alegre y libre: “Si tuviera que volver a decidirme, optaría por la misma elección.”

Traducción: Sra. Birgitt Winter

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