¿Quién no desea vivir en paz? Hacemos todo y de todo con tal de experimentar ese tan ansiado estado interior. Hasta cruzamos océanos para llegar a esos majestuosos lugares lejanos que nos transmitan sosiego, tranquilidad, armonía…
A veces es tantísima nuestra necesidad de sentirla que hasta caemos en lo absurdo, creyendo que podemos comprarla o llegar a hacerla nuestra por medio de agentes externos, como los cuarzos y algunas piezas esotéricas.
Si tan solo entendiéramos y, sobre todo, aceptáramos que está tan al alcance de nuestra mano y que sentirla no cuesta un solo centavo.
La verdadera paz interior es fruto del Espíritu Santo. Cuando nuestra alma corresponde con docilidad a sus inspiraciones, produciremos actos de virtud y frutos como la paz. Esto quiere decir que, forzosamente, necesitamos tener una disposición interior y cooperar ascéticamente para vivir virtuosamente.
El estado interior en el que tú y yo elijamos vivir será el que generemos a nivel no solo familiar, sino mundial, porque tanto el amor, la paz, la alegría como el mal humor y el odio se transmiten.
Entonces, si de verdad queremos vivir en un mundo de paz, necesitamos comenzar por tener paz interior, de forma personal. Necesitamos ser como la luz del sol que los girasoles buscan porque la necesitan. Seamos de esas personas a las que a los demás se les antoje estar cerca de nosotros, porque les transmitimos tranquilidad y todo aquello que provoca serenidad.

¿Cómo puedes ser generador de paz?
1. Reza, medita, platica con Dios.
Cada mañana, date unos minutos a solas con Él y, por medio del silencio, escucha su voz y permite que te llene de su paz.
2. Detente a pensar antes de hablar, escribir y actuar.
Es decir, reflexiona sobre lo que puedes generar con tus palabras al decir tal o cual cosa, al escribir ese mensaje o al actuar de aquella manera. Es importante que recapacites sobre cómo te sientes en ese momento. Si te sientes irritado, seguramente transmitirás esa emoción y no generarás paz.
3. Sé muy cuidadoso con lo que compartes en tus redes sociales.
El botón de “compartir” no manda ningún foco rojo ni señal de ¡alerta!, así que sé muy prudente al apretarlo. Sé delicado con los mensajes que escribes, con las noticias y las fotos que compartes o reproduces.
Aquí también es importante que te detengas a pensar en qué puedes generar: paz, esperanza o intranquilidad, pesimismo o angustia.
4. Genera buenas noticias y compártelas.
¡Y evita las malas! Trata de ser solo portador de buenas nuevas. Es muy triste que estas se reproducen con dificultad, pero las otras… ¡Uf! Como virus se propagan.
Vivir en paz no significa ausencia de problemas, sino esperanza en el Creador; la certeza de que tras una noche oscura siempre sale el sol. Por lo tanto, cuando pases por un momento difícil que pueda hacerte perder tu paz interior, invoca el Nombre de Dios y dile: “Dame esa paz que solo tú me puedes dar”. Respira y enfrenta la vida como venga, siempre en paz.
La paz es contagiosa. Elegir todos los días, a pesar de las circunstancias, vivir en ese estado, ser generadores de paz y no de odio; de esperanza y no de pesimismo. Sobre todo, en esta época en que las redes sociales pueden convertirse en fuentes de concordia y conciliación o, todo lo contrario. ¡La paz también puede hacerse viral!
Algunas frases del P. José Kentenich sobre la paz:

«Nuestra época es tan agitada e inquieta. Reina la confusión y la subversión; hay luchas y persecuciones por todas partes. Por eso, más que nunca, nos sentimos impulsados a buscar la paz en Dios, a aferrarnos a Él con todas las fibras de nuestro corazón». (Santidad de la vida diaria)
«El mundo necesita hombres en paz consigo mismos, probados en su vida interior y en las luchas diarias. Hombres que superen las incertidumbres y las dudas y que, a través de una profunda unión con Dios, reciban la fuerza para, en medio de la impetuosa y constante resistencia de los tiempos, imprimirle el rostro de Cristo». (Santidad de la vida diaria)
«La fe inquebrantable en la amorosa Providencia divina hace que las personas santas irradien, a menudo, tranquilidad y paz interior, siendo capaces de actuar correctamente en cualquier situación de su vida. Para ellas todo va bien, porque nada sucede sin el permiso de Dios». (Santidad de la vida diaria)
«La paz es el descanso que proviene de la concordancia con el orden establecido por Dios». (Santidad de la vida diaria)
«Sin paternidad no hay tranquilidad ni orden, no hay paz en el mundo. Sin paternidad, parece que Dios, a quien le gusta que le llamen «Padre», no mira con complacencia un mundo en el que, en vano, busca imágenes de sí mismo». (Refugiado en Dios Padre)
«¿Por qué el mundo moderno enfermo sufre desequilibrio? Porque el hombre ha perdido su punto de gravedad. Este centro de gravedad es el Dios vivo y el orden objetivo del ser, la lex aeterna (la ley eterna) que le es inherente y que, por Él, se inserta en el mundo, en la historia mundial y en la naturaleza del hombre. Pax tranquillitas ordinis (La paz es la tranquilidad que proviene del orden), dice San Agustín. El mundo actual no disfruta de paz, y el hombre actual lleva constantemente grabado en la frente el sello de Caín: la huida de Dios. Su característica es la inquietud. Por todas partes reina la confusión, porque el hombre moderno desconoce su inserción en el orden objetivo del ser; porque se ha desvinculado del Dios vivo y del orden objetivo de la moral». (Líneas fundamentales de una pedagogía moderna para el educador católico)
Fuente: es.aleteia.org