Pedagogía aplicada: El escudo conyugal y el ideal matrimonial

Eugenio Minici

La pedagogía de Schoenstatt utiliza, en diversas ocasiones, símbolos para representar los ideales y las metas que nos proponemos. Es común ver banderas, camisetas, gorras… con imágenes que sintetizan nuestra misión. En Italia, algunas familias del Movimiento también aplican esta propuesta pedagógica en su vida familiar. Hoy vamos a conocer algo que cobra vida entre las familias italianas del Movimiento, mediante estrategias de la pedagogía de Schoenstatt. Se proponen crear un escudo y definir un «ideal matrimonial».

El escudo representa la vida cotidiana entre padres e hijos. En esta imagen, expresan sus características conyugales y el camino que desean seguir. El ideal matrimonial resume el espíritu con el que quieren abrazar su vocación.

¿Cómo descubrir el ideal matrimonial?

No existe un camino único, pero algunas reflexiones pueden ayudar en este proceso paso a paso.

Para dar un ejemplo concreto, podemos ver cómo se desarrolló este trabajo en el grupo de la Liga de Familias de Schoenstatt de la Toscana, en Perignano (Italia). Se invitó a las parejas a crear un «escudo de la pareja» y, posteriormente, a definir su «ideal matrimonial».

Cada pareja fue guiada hacia un momento de escucha y discernimiento, para releer su historia a través de símbolos, memoria compartida y diálogo. Esto los llevó a asumir una visión más consciente de la identidad matrimonial y familiar.

El «Escudo de pareja» se convierte así en el lenguaje visual de aquello a lo que los esposos están llamados: dar un nombre, un lema o un símbolo al ideal de pareja y reconocer su vocación concreta y única.

Primera etapa: diseñar un «Escudo de pareja»

La experiencia de contar con un escudo puede resultar interesante para sintetizar nuestra misión como esposos, padres e hijos. Por eso, vamos a compartir cómo desarrollamos esta propuesta.

El trabajo propuesto se articula en cuatro etapas que implican un discernimiento auténtico y compartido. Al mirar el camino ya recorrido —hecho de compromiso, diálogo y reflexión—, la pareja puede reconocer su identidad e intuir el proyecto de Dios para su vida, releyendo la experiencia para descubrir su «nombre» como pareja.

¿Cómo desarrollar un escudo?

Los ideales siempre se han representado mediante símbolos, como banderas, estandartes o escudos. Este lenguaje simbólico está presente tanto en la vida civil como en la eclesial. Basta pensar, por ejemplo, en el escudo papal de Juan Pablo II, con la letra «M» de María junto a la cruz y el lema «Totus tuus».

A la luz de esta experiencia, proponemos crear un escudo de pareja dividido en cinco campos:

  • el primero está dedicado a nuestra historia, un símbolo que remite a dos o tres momentos fundamentales de la trayectoria vivida;
  • el segundo se refiere a la relación entre los cónyuges: ¿qué actitud, más propia y distintiva, caracteriza la relación recíproca?
  • en el tercer campo se expresa el ideal referente a la familia y a los hijos: ¿qué ambiente deseamos que se respire en nuestro hogar?
  • el cuarto campo representa lo que más caracteriza nuestro espíritu apostólico;
  • por último, el quinto campo, el cuadrado en el centro del escudo, simboliza lo que es más característico de nuestra relación con el mundo sobrenatural.

Al crear el escudo de la familia, se puede elegir uno o dos símbolos que resuman todo el ideal familiar, ya que el símbolo tiene una fuerza evocadora más profunda que las palabras. El escudo se convierte así en un signo personalizado que expresa el carisma y la vocación de la pareja, su camino de fe y la Alianza de Amor con María. Se pueden incluir símbolos y colores con significado espiritual, así como lemas y valores concretos que definan la misión familiar.

Próximos pasos para formular el «Ideal Matrimonial»

El escudo permite tener una visión más clara de las características de nuestra familia. Esto nos lleva a una nueva etapa, en la búsqueda de un «ideal matrimonial».

El siguiente paso es recapitular y anotar lo más importante del trabajo realizado en el recorrido de la pareja a lo largo de la vida, en los siguientes aspectos:

  • Nuestra historia espiritual (2 o 3 elementos de la reflexión realizada por la pareja);
  • Nuestras características como pareja y familia (aquellas que más nos identifican, no más de 3);
  • Los valores o actitudes que sentimos que estamos llamados a encarnar e irradiar (no más de 2 o 3)
  • Las principales tareas que nos sentimos llamados a realizar, como pareja, como familia y en el ámbito del Movimiento, de la Iglesia, del trabajo, etc., son aquellas que desarrollan o refuerzan los valores o actitudes que caracterizan a la pareja.

Formulación del «Ideal de pareja»

Después de realizar la reflexión sintética descrita anteriormente, podemos formular un «ideal de pareja». Se puede formular:

  • con un nombre. Ejemplo: «Casa de Nazaret»;
  • con un lema. Ejemplo: «Casa abierta al mundo»;
  • también podemos elegir un símbolo que nos represente. Ejemplo: «el fuego».

Oración de la pareja

Otra etapa interesante es la formulación de una oración propia por parte de los esposos. Se debe redactar una breve oración en pareja que reúna sus ideales y deseos. Se la ofrecemos al Señor y a la Mater, pidiéndoles la gracia de encarnarlos. Se sugiere que cada uno la redacte personalmente y luego la comparta con su cónyuge, creando una oración única para la pareja. No debe ser más larga que el Padrenuestro o la Pequeña Consagración.

La importancia del «Ideal Matrimonial» en la sociedad contemporánea

El ideal matrimonial es el sueño de Dios para la pareja: una fuerza que une, orienta y da sentido a la vida conyugal. A través del sacramento, los cónyuges están llamados a hacer visible el amor fiel y fecundo de Cristo por la Iglesia, cada uno según su historia y sus desafíos. Este ideal no se impone desde afuera, sino que crece desde adentro, como un deseo profundo que pide ser reconocido y cultivado.

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