Fe Práctica en la Divina Providencia
Es la fe en Dios y su amor cariñoso, que se ha vuelto parte de la vida práctica de cada día.
En Schoenstatt tiene el mensaje de confiar en el cuidado de Dios, de un constante diálogo con el Dios de la vida e historia y buscar activamente su voluntad.
Esta fe es “práctica” (lo contrario a lo meramente teórico) porque toma la Doctrina de la Divina Providencia –tanto en una forma general y a su manera personal o individual- y se aplica a la vida diaria. Ve todas las cosas a la luz de la fe e intenta discernir y obedecer la voz de Dios en el tiempo, en nuestra alma y en el orden del ser (ver abajo), encontrando así, la correcta aplicación en toda circunstancia. Otras “leyes” las cuales ayudan a discernir la voz de Dios incluye la “Ley de la puerta abierta”, la “ley de la resultante creadora” y la “ley de oposición”. Sin embargo, uno busca vivir la alianza con Dios en un diálogo continuo de oraciones y acciones. Esto puede ser cultivado con un método de meditación, el cual se centra en ser conscientes de la acción de Dios en nuestras vidas.
Esta fe también es “activa”, en ese sentido, no esperamos solamente que el plan de Dios se despliegue, sino esperamos Su voluntad en los eventos de la vida diaria, intentando responder a El fielmente y efectivamente. También está impregnado por el deseo de ajustarse totalmente a la voluntad de Dios.
En la “voz del tiempo”, Dios expresa su voluntad a través de todo lo que pasa, tanto en una vida personal y en un mundo de situaciones –“Vox temporis, vox Dei”- (la voz de los tiempos es la voz de Dios). Dios nos habla y nos guía en los caminos hacia Su reino mediante cosas como: las personas que conocemos o los libros que leemos, en las preocupaciones y tendencias de un cierto tiempo, una repentina crisis o bendiciones, o en las cruces que envía o los males que permite, o en las puertas que El abre o las que nos cierra. Dios puede ser encontrado en “el signo de los tiempos”, trabajando para ganarnos con Su amor. Como dice San Pablo, “Para aquellos que aman a Dios, todas las cosas trabajan juntas para bien” (Rom 8, 28)
Discerniendo la voz de Dios en los tiempos requiere:
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Tener una profunda actitud de fe en la vida diaria (“Nada pasa por casualidad, todo viene de su bondad”).
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Estar atento a los eventos que nos rodean, tanto en gran escala (iglesia y mundo) y en la pequeña (personal y la vida familiar). Una forma de hacer esto son los métodos de meditación de Schoenstatt).
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Discernir la voluntad de Dios. “Con la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios (como el P. Kentenich lo describía normalmente) uno entonces necesita determinar en qué dirección nos lleva a Dios
La “voz del alma” es la manera en que Dios me habla a través de tendencias y agitaciones de mi alma y las de aquellas otras personas que me rodean. Dios crea cada alma con cierta sensibilidad y cierta misión, y su respuesta a situaciones o circunstancias es una forma que Dios usa para revelar Su plan. La voz del alma puede ser discernida desde cosas como reacciones espontáneas, aspiraciones, anhelos, ideales, miedos e intuiciones. Incluye la voz de la conciencia y de la certidumbre de nuestra vocación. Es influenciada por el temperamento y los enfoques para la resolución de problemas. Una voz del alma trabajada, buscará estar atenta las incitaciones de la gracia y luchará por los regalos del Espíritu Santo.
Como la voz del alma es la más subjetiva de las 3 voces, es la más vulnerable a los engaños del egocentrismo, miedo, competencia, orgullo, lujuria y pereza. Es por eso que siempre hay que cuidar el escuchar a esta voz en conjunto con las otras voces, especialmente la del orden del ser. Sin embargo, esta voz es irremplazable cuando se trata de discernir la voluntad de Dios, porque nos conecta en lo más hondo de quienes somos. Uno puede convertirse más sintonizado a la auténtica voz del alma si cultivamos una profunda alianza espiritual y fe práctica en la Divina Providencia. La obediencia según nuestro estado de vida, el Poder en Blanco y la Inscriptio, pueden ayudar a superar el lado ambiguo y egocéntrico de esta voz.
En la “voz del orden del ser” Dios habla a través de la realidad objetiva, tanto la natural como la sobrenatural. Esto incluye que ambas realidades, mediante la ley natural y positiva, que es, las leyes de la naturaleza y las de la sociedad, y el orden y enseñanzas de la Iglesia. Él también nos habla a través de datos objetivos sobre quien soy como persona, las características e historia de mi familia o comunidad. Ciertas realidades así como mi temperamento y talentos, o el uso que le di a mi libre voluntad (elección de vocación, consecuencias de mis acciones) no pueden ser ignoradas en el discernimiento de la voluntad de Dios. Por ejemplo, una vez que yo he elegido mi vocación, estoy obligado a vivirla y a asumir mis responsabilidades de los que me han sido confiados.
El P. Kentenich basaba esta voz en la perspectiva de: Ordo essendi est ordo agendi, eso significa, el orden del ser es la norma del modo de actuar. Esto indica que el ordenamiento del universo y de nuestro ser en concreto, establece ciertas normas –tanto negativos (los límites objetivos más allá de los que no son morales o inconsistentes con mi misión) como positivos (los desafíos y tareas que implican los bienes que Dios me ha confiado).